Si el jueves quedó en la memoria de La Mar de Músicas por el aperitivo tan bello como abruptamente interrumpido de Silvia Pérez Cruz y Salvador Sobral —un concierto breve, herido por la lluvia pero inolvidable por el generoso gesto de cantar en acústico, sin amplificación ni refuerzo sonoro—, el viernes llegó para cerrar esa herida con una sobredosis de música en vivo, más de ocho horas ininterrumpidas: desde el rezo laico de Tarta Relena a las siete de la tarde hasta Ortiga desparramando fiesta verbenera, ritmos latinos, autotune y un descampado emocional al borde del delirio, bien entrada la …