
No era noche de luna llena. No era sencillo ocupar un escenario donde todavía flotaban las resonancias de Luar Na Lubre. Tampoco era su público: la mayoría había llegado con otra cadencia en el oído. Pero entonces sonó el carnyx de Yhandros Huergo. Y con ese primer aliento de bronce, se abrió una grieta en las hoces, y los dinosaurios del Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha (MUPA) giraron la cabeza entre las sombras.
En ese momento, el cartel de Luar Na Lubre y Cuélebre cobró todo su sentido: dos formas de invocación a la esencia humana, dos formas de memoria. Cuélebre —la criatura alada del folclore astur-leonés que custodia el umbral entre lo salvaje y lo sagrado— tomaba forma escénica, protegiendo también el mismo “lubre”.
Primera vez de Cuélebre en Estival Cuenca. Aunque no son unos recién llegados a los escenarios: acumulan casi quince años de trayectoria y cuatro discos publicados. Acaban de estrenar su último trabajo, Carozo (2025), con el que consolidan su lugar en una corriente musical que gana fuerza en toda Europa. Una escena donde se cruzan el folk ritual, lo pagano y lo ancestral, y que encuentra paralelismos en otros países con bandas como Heilung, Wardruna o Faun; y que, en el contexto español, puede rastrearse desde propuestas más tribales como An-Dro o Trobar de Morte hasta enfoques más experimentales como los de Kaunan o De La Sierra. Proyectos que buscan recuperar la esencia de lo celtíbero y lo ancestral como forma de expresión contemporánea.

En Cuélebre, cada miembro contribuye a esa alquimia sonora: Yhandros Huergo sostiene el pulso antiguo con la zanfona y los coros; Judit Piñango, con su voz principal, encarna lo arcano con intensidad hipnótica; Budy Arillo traza melodías líquidas con sus flautas y coros; Sammy Bnayas entrelaza texturas con el bouzouki; y Mario Tote imprime un ritmo místico, un pulso ancestral que lleva la mente a otro plano.
Abrieron con “Augur”, como quien enciende un fuego, y siguieron con “Deva”, invocación al silencio entre dos fuegos. Fue entonces cuando Yhandros avisó: muchas de las canciones están en lenguas que el tiempo dejó atrás. Sonidos densos, percusiones que golpeaban el pecho como tambores de guerra, flautas que se enredaban como niebla sobre piedra.

No ambientan: despiertan. No hay intención estética; hay transcripción sónica de algo más antiguo que el idioma. Su nuevo disco, Carozo —que formó parte del setlist de la velada— sigue excavando ese subsuelo mitológico y espiritual que conecta la Iberia ancestral con una sensibilidad contemporánea. Las letras, tejidas con palabras que alguna vez fueron oración o conjuro, respiran ahora entre la zanfona y el bouzouki, entre el didgeridoo y la flauta armónica. No reconstruyen. Invocan.
En Cuenca, Cuélebre encarnó al ser mitológico del que toma su nombre. Y encarnarlo significó arder desde dentro. Su concierto fue fuego y tierra vibrante. Folclore sin nostalgia. Una danza sin escenografía. Una música que no es espectáculo, sino gesto. En una noche compartida con Luar Na Lubre, ellos ofrecieron la otra cara del rito: no la luna que brilla sobre el lubre, bosque primigenio.
Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha (MUPA), Cuenca, 29 de junio de 2025, 22:30 h. | Estival Cuenca | Programa doble: Luar Na Lubre + Cuélebre | Intérpretes: Cuélebre. Yhandros Huergo (zanfona, coros, carnyx), Judit Piñango (voz principal), Budy Arillo (flautas, coros), Sammy Bnayas (bouzouki), Mario Tote (percusión)