Ese lugar donde nos encontramos, donde pasan la vida en común y llegan los viajeros. Ese espacio circular (o no) donde conversar, cantar, bailar, pintar, escribir o soñar.
Unas cinchas amarillas, exageradamente gruesas y fuertes, sujetan las obras de Diego Vallejo Pierna a las ocho columnas de las caballerizas del antiguo caserón de Hernán Pérez del Pulgar. Cada una de ellas soporta por sí sola casi setecientos cincuenta kilos, como si estos paisajes abstractos fueran reales y necesitaran titanes mitológicos que los mantuvieran flotando en la sala. Como si los lienzos fueran las velas de la Nao Victoria, la nave que trajo a Sevilla a Juan Sebastián Elcano y protagonizaba la exposición de la sala anterior, y las cinchas fueran las que tensaban las vigotas de aquella nave. …