Valentina Guarín: «Si fuera por mí, sería ceramista, carpintera, zapatera… de todo»

Por Paula Febrer de Jesús

La artista colombiana afincada en Cuenca explica cómo la migración ha transformado sus obras.

Valentina Guarín Borre, durante la entrevista. Foto: Paula Feber de Jesús

Con las piernas cruzadas, la artista deja escapar una pequeña carcajada cada vez que habla. Asiente con la cabeza al responder y se muestra más distendida al recordar su trayectoria. Sus manos recorren las yemas de los dedos, como si conservaran la memoria de los materiales con los que crea. Al hablar de Barranquilla, sonríe al recordar sus raíces. «Aun así, me gustaría conocer y experimentar más», afirma mientras selecciona qué quiere decir, comentando que, a pesar de la nostalgia, no planea volver a Colombia. Esa inquietud la llevó a participar en el mercadillo solidario de Cuenca, donde compartió con el público sus memorias más íntimas.

Hace aproximadamente cinco años puso en marcha Trozovivo. ¿Cómo ha evolucionado el proyecto desde sus inicios?

Trozovivo empezó siendo un proyecto en el que hacía accesorios con porcelana fría, como pendientes y collares. Fue una etapa en la que experimenté bastante, pero llegó un momento en el que sentí que aquello ya no me representaba. Después empecé con los cuadros, ilustraciones y stickers. Más adelante, en 2025, incorporé las faldas y las mochilas.
El proyecto ha ido cambiando conmigo. Cuando llegué a España pensé que Trozovivo se había acabado porque no tenía proveedores, no conocía a nadie y tampoco sabía dónde imprimir. Siento que aquí se ha transformado: ha dejado de tener un carácter tan comercial, pero sigue siendo una parte importante de mí como artista.

Su obra combina ilustración, poesía y bordado. ¿Cómo surgió esa mezcla de técnicas?

Siempre he escrito, aunque durante mucho tiempo no mostraba mis textos a nadie. Una de las primeras veces que los compartí fue a través de un fanzine que combinaba ilustraciones y escritura. Poco a poco fui perdiendo el miedo a enseñar esa parte de mí.

En realidad, las disciplinas se complementan de manera natural. A veces hago un dibujo y después escribo sobre él; otras veces comienzo con un texto y, al tener una parte muy visual, termino convirtiéndolo en una ilustración. No es algo que planee necesariamente, sino que el proceso creativo va evolucionando.

Fanzine de Valentina Guarín Borre. Foto: Paula Feber de Jesús

¿Cómo es trabajar con formatos tan diferentes?

Creo que ese es precisamente el punto del arte. Habrá personas que se dediquen a una sola disciplina, pero a mí no me funciona quedarme en una única cosa. Mi necesidad de expresarme no siempre surge de la misma forma, sino que encuentro diferentes lenguajes.
No me gustaría limitarme a unos pocos campos. Si fuera por mí, sería ceramista, carpintera, zapatera, de todo.

¿Con cuál de todas estas técnicas disfruta más trabajando?

Disfruto mucho del proceso de bordar y hacer ropa, especialmente de todo lo relacionado con la costura. Mientras trabajaba en Deshilarme, por ejemplo, el bordado no seguía una forma específica ni buscaba ser perfecto. Sentía que el hilo me iba hilando literalmente a mí, como si me guiara durante el proceso. Fue una experiencia que disfruté mucho.

A través de sus ilustraciones representa principalmente figuras femeninas. ¿Qué la llevó a convertir a la mujer en protagonista de su obra?

Creo que inicialmente fue porque utilizo el arte para expresarme a mí misma. Todo nace de cómo me siento, de las situaciones que he vivido y de las formas que encuentro para gestionar lo que me pasa.
Como soy mujer, no puedo separar esa condición de mis vivencias, porque experimento el mundo desde esa perspectiva. También me han inspirado mucho mi madre, mis tías, mis hermanas, mis abuelas, mis amigas y, en general, las mujeres que me rodean.

Tras trasladarse de Colombia a Cuenca, la experiencia migratoria ha adquirido un papel importante en sus obras. ¿Cómo ha cambiado su forma de crear?

Como siempre creo cosas relacionadas conmigo, con lo que me sucede y con lo que vivo en cada momento, era inevitable que la migración influyera en mis creaciones. Estaba experimentando un cambio importante y tenía que estar presente en las cosas que escribía y hacía.

Desde que llegué he experimentado más con diferentes materiales y técnicas, especialmente con el bordado. Siento que mudarme me ha abierto los ojos y me ha permitido cuestionarme qué quiero hacer. En Colombia, a veces parece que existe un camino establecido que debes seguir, mientras que conocer otras realidades me ha hecho sentir que puedo elegir libremente lo que quiero hacer con mi vida.

En abril de 2026 participó en la exposición Tu casa est la mienne. ¿Cómo vivió la experiencia de presentar su trabajo en esta muestra?

Fue una experiencia muy bonita porque surgió de manera espontánea. Un día, hablando con María Berlinda sobre nuestros trabajos, me invitó a participar en su exposición.

Me gustó que, aunque cada una trabajó libremente y sin acordar previamente una temática común, todas las obras terminaran conectando entre sí. Además, supuso una oportunidad para experimentar y recordar que, aunque había dejado atrás una parte de Trozovivo al llegar a España, todavía podía seguir creando aquí. Fue como una lucecita que me indicó por dónde continuar.

Valentina Guarín y María Berlinda , en Tu casa est la mienne. Foto: Paula Feber de Jesús

El pasado 25 de octubre participó en el mercadillo solidario de la calle Carretería. ¿Cómo es presentar su obra en un mercadillo en comparación con hacerlo en una exposición artística?

Creo que son experiencias con propósitos diferentes. Una exposición consiste en desarrollar un concepto y conseguir que el público viva una experiencia dentro de un espacio. Está más enfocada a mostrar las obras.
El mercadillo, en cambio, tiene un carácter más comercial. Aunque también disfruto cuando la gente se acerca, pregunta y puedo explicarles el proceso creativo, el objetivo principal suele ser la venta. Son formatos diferentes, pero ambos me gustan porque me permiten interactuar directamente con el público.

Deshilarme, la instalación que presentó tanto en la exposición como en el mercadillo está formada por dos mochilas y un poema. ¿Qué simbolismo hay detrás de estas dos mochilas?

El poema nació antes de saber que vendría a España. Lo escribí un día antes de mi cumpleaños, mientras viajaba hacia Santa Marta. Quise alejarme de Barranquilla, de las personas y de los momentos que había vivido. Por eso aparecen elementos característicos del Caribe.

Deshilarme, obra de Guarín Borre en Tu casa est la mienne. Foto: Paula Feber de Jesús

Tiempo después quise darle una dimensión visual y así surgieron las mochilas y la falda, inspiradas en las tradicionales mochilas wayuu y adaptadas a mi propia visión, con una forma en espiral que recuerda al mar y materiales como la lona, para las mochilas, mientras que use lino para la falda.

Cuando llegué a España, el significado cambió: lo que inicialmente era una forma de dejar atrás personas y momentos se convirtió en una manera de deshilarme de toda una vida en Colombia.

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