¿Quién estaba al otro lado de las galletas de mi infancia? Con esa fe contemporánea en la tecnología, se lo pregunto a la IA. Antes de empezar a desvariar, me responde: “Puede que no haya nadie al otro lado de las galletas. Solo está el otro lado de la galleta”, y añade un emoticono de lágrimas sonrientes. Casi nunca nos hacemos esa pregunta sobre las cosas que nos rodean. Consumimos objetos y alimentos sin pensar en las personas y los procesos —ni en los lugares— que los hicieron posibles, en una suerte de disociación cotidiana que borra poco a poco …