Cuidar implica convivir con el territorio

Por Pablo Nieto

Trashumancias 2.6 me ha permitido acercarme al entorno rural y pastoril de Cuenca, no como una idea asociada al consumo sostenible, sino como una forma viva de relacionarse con el territorio basada en el cuidado, el equilibrio y el respeto por sus ritmos. Más allá de la experiencia, lo más valioso ha sido el acercamiento a unos conocimientos que siguen presentes y que invitan a cuestionar nuestra manera de habitar el entorno. En un momento en que muchas veces reducimos el cuidado del entorno a decisiones de consumo, la trashumancia recuerda que cuidar implica convivir con el territorio, respetar sus ritmos y sostener los ciclos que hacen posible la vida. Mucho antes de hablar de reciclar, ya existía la lógica de aprovechar; mucho antes de convertir la sostenibilidad en un concepto, ya había formas de vida que entendían que cuidar el territorio era también cuidarse a uno mismo. La trashumancia no pertenece al pasado. Sigue siendo una práctica viva que cuida el paisaje, favorece la biodiversidad y nos recuerda que nuestra forma de vivir depende de ese equilibrio. El campo no es un escenario ni un producto, sino un tejido vivo del que dependemos. Más que preguntarnos ¿qué podemos consumir para ser /sentirnos más sostenibles? Quizá deberíamos reflexionar sobre cómo queremos habitar el territorio y de qué manera podemos apoyar a quienes, todavía hoy, lo cuidan.

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