Amparo Tena, maestra de Educación Infantil del CRA Alto Maestrazgo, cuenta en Cantavieja cómo aprenden cada año con el patrimonio y las tradiciones del pueblo mediante proyectos creativos.

Amparo Tena ha sido la maestra de Educación Infantil del colegio de Cantavieja (CRA Alto Maestrazgo) durante las últimas décadas. La conocimos en el curso sobre “La educación y el patrimonio cultural ante los retos de la despoblación”, celebrado hace unas semanas en Cantavieja y 0rganizado por la Fundación Universitaria Antonio Gargallo y Universidad de Zaragoza junto con la Comarca del Maestrazgo, con la colaboración de la Cátedra Diputación de Teruel Educación y Territorio.
Allí pudimos visitar el aula de la sección de Cantavieja del CRA Alto Maestrazgo realiza anualmente proyectos sobre patrimonio local con las niñas y niños de infantil. Amparo cuenta que la iniciativa surgió hace unos años en una muestra de ámbito local en la que se trabajaron distintos aspectos de ese patrimonio local como la festividad de San Antonio, las marcas de cantero, las procesiones, los escudos.
Aquella actividad pudo haber concluido ahí, pero el equipo directivo de la época, con Marisol Carceller como directora, Estefanía Monforte como secretaria y Amparo Tena como jefa de estudios, decidió convertirla en un pilar del proyecto educativo del centro. Presentaron la propuesta al Premio Palmira Plá y lo ganaron. «Y al ganarse, pues la gente se motivó más, y ya se introdujo que todos los años en el centro se haría un proyecto creativo», explica la maestra.
Una línea de trabajo, transformada en proyecto de innovación, basada en el patrimonio y la creatividad estructurada en cuatro campos que van rotando de forma cíclica (patrimonio inmaterial, natural, arquitectónico y artesanal). Según Amparo, “han ido pasando los años y el proyecto creativo ya forma parte de la identidad del centro”, con el convencimiento de que este tipo de aprendizajes es necesario para el desarrollo de la identidad de cada niño. Para explicarlo recurre a una frase de Pérez Reverte, “Sin conocer lo que fuimos, seremos incapaces de comprender lo que somos”, a la que Amparo añade, “tus raíces son muy importantes. Tienes que saber de dónde vienes, para luego comprender y trascender”.

Desde su aula de Infantil, apoyó desde el principio que los más pequeños participaran en esta iniciativa, convencida de que a los tres, cuatro y cinco años ya se puede descubrir y amar el patrimonio cercano. Diseñó propuestas manipulativas sin infantilizar los contenidos donde los niños tocaban las piedras, levantaban maquetas de la torre y rescataban la memoria de su pueblo a través del juego y la curiosidad.
El primer proyecto se tituló Iniciación a la arquitectura y la construcción en altura, y estaba basado en la torre campanario de la iglesia parroquial de Cantavieja. Los niños y niñas se familiarizaron con los cuerpos geométricos que componen la torre de la iglesia de su localidad y descubrieron el triángulo como figura clave en arquitectura. Amparo nos muestra la maqueta de la torre que se desmonta pieza a pieza, y que las niñas y niños vuelven a levantar guiándose por imágenes, y la del arco de medio punto que los más pequeños reconstruyen con dovelas, claves y cimbra de madera. Eso les permite que cuando pasean por el pueblo reconozcan los arcos o las formas geométricas que permiten levantar sus edificios.

Las actividades se secuencian a partir de una motivación inicial como la visita guiada a la torre y una charla de una experta local sobre el campanario, siguen con materiales didácticos de todo tipo y desembocan en creaciones libres con material desestructurado, “construcciones únicas, que les salen una vez y que no pueden salir nunca más. Es lo que más les gusta de todo”, porque los niños comprueban por sí mismos qué aguanta y qué no en una construcción en altura.
El segundo proyecto llevó por título “Al rescate de los cabezudos: una comparsa para Cantavieja” y nació en las patronales de 2023 cuando llegaron al pueblo gigantes y cabezudos traídos de fuera, y el pasacalles por el casco antiguo les entusiasmó. El filón se concretó al aparecer una fotografía antigua, custodiada en el archivo del Centro de Estudios del Maestrazgo, en la que se veían cabezudos en Cantavieja, hoy desaparecidos.
A partir de esa fotografía, descubrieron que en su pueblo hubo ocho cabezudos que representan los cuatro continentes en parejas. Desde ahí iniciaron una investigación e iniciaron una campaña de recuperación de la tradición. Escribieron una carta al ayuntamiento que decía: “Hola, alcalde: ¿nos puedes ayudar a rescatar a los gigantes? Adiós”. Después iniciaron la creación de un documento formal y un proyecto que se registró en el ayuntamiento.
En este proyecto, sencillo pero riguroso, pidieron que se recrearan los cabezudos históricos siguiendo las pautas de la fotografía, y que se les añadieran gigantes, que Cantavieja nunca tuvo. Esas figuras, creadas en el aula de infantil, representan “muy bien los rasgos identitarios de la localidad”, explica Amparo.

Para dar cuerpo a estos gigantes, Amparo escribió seis cuentos con los que presentar los personajes en los más pequeños. Los seis son la Vieja, que es la figura del escudo de la localidad; el templario, representante de la Orden en el territorio; el sanjuanista, porque la Orden estuvo aquí quinientos años; Ramón Cabrera, el general carlista que instaló en Cantavieja la capital de su dominio; el feriante, en homenaje a las ferias de ganado y a la ganadería como medio de vida; y el demonio de la festividad de San Antonio Abad. De los cuentos se pasó a los objetos. La maestra dibujó primero cómo podían ser las figuras, y un amigo suyo que trabaja al torno se las hizo en madera. Llegaron al aula convertidas en material de juego.
Detrás de esas experiencias está la idea de vincular el aula con el pueblo, y que el aprendizaje sirva para mirar distinto lo que te rodea. “Nos hemos criado en nuestros pueblos sin que nos hablaran en la escuela de esto, y en el instituto sin que el profesor de historia saliera a explicarnos estas cosas. Y yo me he pegado cinco años en la universidad estudiando arte sin que me sacaran a ningún sitio”, explica Sofía Sánchez Giménez, técnico de Patrimonio Cultural de la Comarca del Maestrazgo, que acompañó a Amparo durante la presentación y visita a su aula.
