El microteatro «Una maestra en guerra» acerca la Guerra Civil a Cuenca

Por Paula Febrer de Jesús
Nora Osma como Angustias García Usón en Una maestra en guerra. Foto: Paula Febrer de Jesús. 

El jardín del Palacio de la Diputación de de Cuenca viaja a 1935

El cielo gris de Cuenca amenazaba con convertirse en un inconveniente para una obra que, precisamente, iba a representarse al aire libre. A las 19:30 del 26 de septiembre, frente al Palacio de la Diputación Provincial de Cuenca, apenas unas pocas personas esperaban sin tener demasiado claro dónde iba a comenzar la representación de Una Maestra en Guerra, microteatro inmersivo integrado en el Festival de Otoño.

Las grandes puertas de madera del edificio permanecían cerradas, aunque el lugar estaba iluminado por diversas luces de colores que hacían pensar que la función estaba a punto de comenzar. Algunos de los presentes, que tampoco habían leído demasiado bien la entrada del evento, empezaban incluso a plantearse marcharse. Fue entonces cuando apareció un hombre vestido con ropa cotidiana que aclaró la situación: la obra se representaría en el jardín de la Diputación.

La noticia provocó diferentes reacciones entre los presentes, aunque hubo una que se repitió más que las demás. Un soplido y murmullos de que podía ponerse a llover en cualquier momento. Milagrosamente, la lluvia nunca llegó.

El futuro público de la obra esperó aproximadamente nueve minutos sentado en el suelo, conversando. Una madre preguntó a su hijo, uno de los únicos niños presentes en el evento, si ya había terminado el proyecto del cohete. A unos metros, una pareja de ancianos, que había llegado de último, planeaba adelantarse a la inexistente fila para conseguir un sitio en primera fila. Fue en medio de aquella espera que la voz de una muchacha, vestida como si acabara de salir de los años treinta, hizo que la gente alzara cabeza. Anunciaba que ya se podía pasar.  El vestuario conseguía introducirla en otra época,  pero el pequeño  piercing de su nariz la devolvía inmediatamente al presente.

Al pasar al jardín, las sillas verdes de plástico estaban colocadas como si fueran un anfiteatro romano inacabado, formando una media luna. Podía apreciarse que la Diputación formaba parte de la ambientación. Una de las puertas del edificio se utilizaba como fondo del escenario y, junto a ella, una pequeña mesa sostenía una antigua radio de madera junto a un montón de papeles esparcidos. 

Nora Osma como Angustias García Usón en Una maestra en guerra. Foto: Paula Febrer de Jesús. 

Cuando el público, ya sentado, esperaba que la obra comenzará con alguien saliendo por la puerta, la muchacha que había comprobado las entradas se colocó frente a los espectadores y comenzó a hablar. Moviéndose de un lado a otro, presentó el Experimento 114, un protocolo temporal y un viaje en el tiempo hasta los años treinta. Entre el público se escapaba alguna que otra sonrisa. A una de las asistentes, Mercedes Ruiz, incluso, le tocó cargar con el billete de vuelta al presente: «Yo tenía el papel, pero bueno…he sentido un poco de responsabilidad, no mucho», dijo Mercedes. 

«¡Salto!». Así anunciaba la guía, María Sevilla, cada salto temporal, cada viaje a una nueva época de la vida de Angustias, el Experimento 114. Nora Osma, la actriz que interpretaba a Angustias, era una chica visiblemente delicada. Sin embargo, su aparición sobre el escenario comenzó con gritos dirigidos al público. Su rostro contrastaba con aquella primera impresión y hacía pensar que, fuera del escenario, se trataba de una persona completamente amable. 

«Tenemos que conocer la historia, Tenemos que conocer de dónde venimos y eso me parece una cosa muy necesaria», explicó Osma mientras su equipo recogía las sillas y desmontaba el escenario a sus espaldas. «Para mí, la palabra que describiría la obra es ‘memoria’. Porque el que no conoce la historia está condenado a repetirla», añadió María Sevilla. 

Las dos actrices conquenses, amantes de las artes escénicas desde pequeñas, llegaron a Una maestra en guerra sin conocer en profundidad la historia de Cuenca durante la Guerra Civil ni la vida de Angustias García Usón. Nora Osma, ya graduada en la ESAD, ha pasado ya por un set de grabación, el del cortometraje de Verónica Echegui, Tótem. María Sevilla, todavía estudiante de Artes Escénicas, se crió entre marionetas y continúa formándose en el mundo del teatro. La obra no solo les permitió acercarse a una historia que desconocían, sino que también puso sobre la mesa una realidad compartida por buena parte del público conquense: el desconocimiento de una parte de su propia historia.

«Muchas veces descubres muchas cosas y dices: ‘¡Ala, qué guay!’, ¿no?, porque al final también el teatro tiene mucho que ver con la investigación», explicó Sevilla.

A las 20:30, con las últimas sillas ya recogidas y la pequeña mesa vacía, el Experimento 114 llegó a su fin. El jardín del Palacio de la Diputación de Cuenca volvió a la normalidad, pero durante unos minutos había dejado de ser un simple jardín para convertirse en una puerta hacia 1935.

Texto y fotos: Paula Febrer de Jesús. Más contenidos del Festival de Otoño de Cuenca.

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