
«Música de las Esferas» reúne a un público que llenó la capilla en una velada de memoria, espiritualidad y belleza musical.
A las 19:00 horas se abrían las puertas de la Catedral de Cuenca para acoger Música de las Esferas, una propuesta de Acanthus Coro de Cámara que encontraría en la Capilla del Espíritu Santo el marco idóneo para una velada de emoción contenida.
Con el aforo completo y una atmósfera de profunda solemnidad, el concierto comenzó con unas palabras de recuerdo dedicadas a las víctimas del accidente de Urda, pronunciadas por D. Miguel Ángel Álvares. Seguidamente, una oración a cargo del deán de la Catedral, D. Gonzalo Marín López, dio paso a la propuesta artística de Acanthus Coro de Cámara y el Ensemble Instrumental Acanthus, bajo la dirección de Mateo Gómez Lozano.
Se inició entonces un recorrido musical en el que un repertorio sobrio y cuidadosamente seleccionado parecía impregnar cada piedra de esta capilla funeraria, un espacio cuya historia y arquitectura se integraban de manera natural en el sentido de la propuesta.
La agrupación vocal conquense, especializada en música sacra, junto al Ensemble Instrumental Acanthus y con una puesta en escena de tintes contemporáneos diseñada por Héctor Tena Rolania, ofreció un programa que recorría diferentes épocas de la música sacra. Las obras de Hildegard von Bingen, Cristóbal de Morales, Henry Du Mont, Henry Purcell y Arvo Pärt trazaron un arco expresivo en el que la tradición y la contemporaneidad encontraron un equilibrio singular.
A este diálogo entre épocas se sumó Justus ut palma florebit, de Robert Mehlhart, rector del Pontificio Instituto de Música Sacra de Roma, cuya cesión personal para el proyecto aportó un significado especial al programa. La convivencia de lenguajes musicales tan distantes en el tiempo dio lugar a una propuesta coherente, en la que la diversidad estilística se puso al servicio de una misma intención expresiva.
Concebido como un homenaje a quienes ya no están, Música de las Esferas, encontró en la solemnidad de Todos los Santos y en la proximidad de la conmemoración de los fieles difuntos el marco idóneo para desplegar su dimensión espiritual. La música, la luz, el espacio y el silencio formaron parte de un discurso artístico que invitaba a la memoria y a la contemplación.
El concierto concluyó en un silencio absoluto, sostenido por un público visiblemente emocionado. No fue necesario añadir palabras a lo vivido: el respeto y la intensidad del momento encontraron su expresión en aquella quietud compartida.
Así terminó Música de las Esferas: con la capilla llena, no solo de público, sino también de memoria y una emoción difícil de traducir en palabras.
Texto y fotos ceditos por Acanthus Coro de Cámara