Río Viré y la fiesta de la música cartagenera

Por José An. Montero


Hay conciertos necesarios. El de Río Viré en la plaza del Ayuntamiento fue uno de ellos: un gesto de pertenencia en un festival como La Mar de Músicas que, a pesar de mirar al mundo, siempre ha sabido volver la vista a la tierra. Guitarras, amigos y un público joven que llenó hasta el último rincón de la plaza. No cabía un alma más. Cartagena latía como si aquella tarde fuera un viejo rito compartido.

Río Viré —Rubén Villahermosa— volvía a casa acompañado de Muerdo, José de Karmacadabra y Antonio García de Arde Bogotá. El momento más emotivo llegó cuando recordó que su vida entera había transcurrido en los alrededores de esa plaza, en su Cartagena natal, o en la cercana estatua del marinero, donde de adolescente cantaba para turistas y paseantes. Un gesto pequeño que contenía la verdad de alguien que ha hecho de la música su forma de estar en el mundo

Temas coreados a pleno pulmón por el público. Canciones como Persistir y resistir, Me llevas siempre, La luna de mi lado o Río grande que me lleva sonaron honestas y cercanas en una tarde que se sintió como una celebración comunitaria. Pero lo importante no era solo la música, sino lo que representó: un recordatorio colectivo de que el festival no es ajeno a quienes habitan la ciudad y, mucho menos, a su juventud. En estos tiempos inciertos, ver a músicos locales llenar una plaza es sostener el latido y la identidad de Cartagena.

Ayer por la tarde, la música fue columna vertebral. Un espacio ganado para una generación que quiere vivir la ciudad también a través de sus canciones.

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