Una rueda que da vueltas de Almealera Teatro

“Nos sentaremos en las escaleras de piedra frente al molino. Yo tendré cuatro años y Jesús tendrá 60”, y la magia del teatro vuelve a obrar su milagro. Lo que hace apenas unos minutos era un espacio vacío en el que las gentes de Las Majadas se reúnen para festejar se transforma en el molino de la tía Luisa, sobre el río Corneja, en el término de Garganta de los Hornos, en plena serranía de Gredos. Peter Brook, que estarás en algún corral de comedias (celestial), sigue haciendo tu magia.

Era 1993 y la familia de Laura Santos, autora e intérprete de Una rueda que da vueltas, reconstruye un antiguo molino de agua en ruinas. Sentados en esa escalera, comienza a girar la rueda del molino con el agua de las historias. Como escribió Donna J. Haraway: “Importa qué historias contamos para contar historias… importa qué mundos crean historias”. Importa también qué palabras utilizamos para contarlas: solera, volandera, bocana, costal, trillar, gavilla, arenilla, molienda. “Esas palabras van a desaparecer, igual que los molinos. Y como van desapareciendo los molinos, van desapareciendo esas palabras”, recita Laura.

Una rueda que da vueltas de Almealera Teatro

Mientras las recita, mientras las escuchamos, ese mundo revive de nuevo, habitando el agua, el trigo y la harina. Escuchamos las voces de Angelita, Luisa, Mariano, Esperanza. Dignidad y sacrificio. Mujeres que lavan con guantes de hilo recién paridas. No hay heroísmo. Solo resistencia. La Laura de cuatro años escucha. Todos los aquí reunidos: las gentes de Las Majadas y los que vinimos de la mano de Trashumancias 2.5 formamos ya parte de esta rueda.

Las manos de Laura golpean la mesa de madera. La voz de Carlos Herrero (El Naán), cantando Las Panaderas, abre la tierra, revuelve el grano de la emoción y tiene la potencia para arrancar una rueda que no deja de moverse, de una memoria viva que se activa en escena y se proyecta hacia el futuro. Justo este fin de semana celebran su quince aniversario sobre los escenarios en su pueblo, en Tabanera del Cerrato (Palencia). Quince años haciendo música que es barro, siembra, pueblo. Quince años haciendo girar esta rueda colectiva trenzando nuestros caminos.

Volvemos a sentarnos junto a Jesús, antes molinero, ahora albañil, que recuerda cómo picaba las piedras del molino con la tenacidad de otros tiempos para que la harina fuera más fina. Viajamos a un lugar donde el tiempo giraba al ritmo del agua, del grano, del esfuerzo. Un tiempo donde “las mujeres rompían el hielo del río para poder lavar la ropa y los cacharros”. Un tiempo no tan lejano en muchas partes del mundo. El teatro lo cuenta, pero no lo inventa.

Una rueda que da vueltas de Almealera Teatro

Es un trayecto de más de doscientos kilómetros y tres décadas de distancia, recorrido no con vehículos, sino montados en la rueda simbólica del molino: una rueda que representa el paso del tiempo, la transmisión de la memoria, el legado de los saberes rurales.

Una rueda que da vueltas, escrita, dirigida e interpretada por Laura Santos, con codirección y escenografía en colaboración con El Patio Teatro, no es una historia lineal, ni individual, ni acabada. Una red de voces, una recopilación de testimonios que giran en torno a un eje común: el molino, la vida a su alrededor, sus oficios, su lenguaje, su saber encarnado. Es, como señala Santos, “un mapa de nuestra memoria”, construido con las mujeres de Santa María de la Roca y muchas otras personas del territorio.

Una rueda que da vueltas de Almealera Teatro

Durante tres años de investigación, Laura recogió las voces de molineras, pastores y ganaderos de la comarca. Esas voces —con su cadencia, sus expresiones, sus silencios— emergen en escena como semillas de una Almáciga viva, evocando el trabajo de María Sánchez en su libro homónimo. Pues como escribe Sánchez: “No solo de campos, piedras, ríos, árboles, casas, lindes y cancelas están hechos nuestros medios rurales. (…) No podemos olvidar nunca la palabra: la hablada, la silenciada, la recordada, la callada, la enterrada, la olvidada, la cantada…; la palabra a punto de nacer o de extinguirse.”

Uno: Soledad. Dos: El burro cargado. Tres: Rozarse. Cápsulas de memoria, pequeños actos de resistencia lingüística y cultural. “¿Cuántas historias, leyendas, canciones, rumores, oficios, tareas, recetas, nanas y vidas se esconden tras ellas?”, continúa preguntándose Sánchez. “¿Cuántas han dejado de oírse y ser habladas con sus acentos por pudor o por vergüenza?”. Como en Almáciga, la obra se convierte en un vivero de palabras para que vuelvan a resonar, a nombrar, a fundar comunidad.

Una rueda que da vueltas de Almealera Teatro

Lo cotidiano convertido en símbolo. El agua mueve una rueda de hierro que empieza a girar. Una rueda que da vueltas y que mueve la solera y la volandera. Palabras que mueven la rueda de la memoria colectiva. Agua que, como la memoria, no se estanca: gira, circula, se derrama, vuelve y rompe la línea del olvido al salir expulsada de nuevo al río.

Una rueda que da vueltas de Almealera Teatro está escrita, dirigida e interpretada por Laura Santos, con escenografía y codirección de El Patio Teatro. Se representó el sábado 10 de mayo de 2025, en el Centro Cultural y Social de Las Majadas, dentro del programa Trashumancias 2.5 de la Cátedra UCLM-Diputación de Cuenca de Oportunidades para el Reto Demográfico, en colaboración con la Fundación Los Maestros.

Texto: José An. Montero. Fotografías: Adrián de la Dueña, Paz García Blanes y María Brito.

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