Manual de la siega: el cuerpo como memoria

Por José An. Montero

Debió de ser alrededor de 2018 cuando el deambular por las carreteras de Tierra de Campos en sus atardeceres infinitos me llevaron a Urones de Castroponce. Allí estaba el Colectivo Lamajara, danzando en la era, convirtiendo la siega en danza contemporánea, desmintiendo al coreógrafo Merce Cunningham, alejando la danza de lo abstracto, de lo formal, casi matemático, y vinculándola con una narrativa ancestral.

Convirtiendo la era en un teatro al aire libre, donde los movimientos del campo se transformaban en arte entre el polvo. Ritmo, peso, memoria muscular: cuerpos transitando el tiempo, atravesando los siglos. Una danza nacida de la tradición campesina, que hace dialogar a la sabiduría inscrita en los cuerpos que han trabajado la tierra con la danza contemporánea.

Años después, en la Sala Negre de Las Cigarreras, Samuel Fernandi me evoca aquella tarde en Tierra de Campos a través del hilo que lanza en Manual de la siega, una instalación audiovisual de apenas veinte minutos presentada en doble pantalla. No es un documental al uso, sino algo que se aproxima a un archivo poético en movimiento. Un libro visual. Una especie de manual ancestral de gestos que llevamos grabados en el interior.

En una pantalla, los movimientos descontextualizados, repetidos sobre un fondo blanco cuadriculado, con la estética precisa y aséptica de un tutorial de ejercicios gimnásticos. En la otra, el entorno real: el campo, la hoz, la respiración entre hileras. Una muestra el cuerpo; la otra, el mundo al que pertenece. La combinación obliga a mirar dos veces. A recordar lo que alguna vez vivieron otros huesos y otros músculos.

Esa trasposición del teatro a la era, de convertir el lugar del trabajo en espacio escénico, nos invita a sentarnos a mirar lo que nunca fue mirado. Porque siempre fue vivido en primera persona, con el cuerpo inclinado, con la piel al sol. Este ejercicio de separar la mente del cuerpo para poder observar —como si al mirar desde fuera por primera vez pudiéramos entender desde dentro— dota a los movimientos del campo de una coreografía milenaria, revelando en cada gesto una forma de conocimiento que se transmitió sin palabras, de cuerpo en cuerpo, durante siglos.

Los movimientos del campo se transforman en arte entre el polvo. Ritmo, peso, memoria muscular: cuerpos transitando el tiempo, atravesando los siglos. Fernandi rebusca en el presente para encontrar en él la memoria de estos gestos que sostuvieron a generaciones durante milenios. Como escribió James Rebanks: “Las raíces de nuestro sistema agrario y la forma de vida vinculada a él están hundidas en los campos de este paisaje desde hace más de cinco mil años.”

Movimientos convertidos en rituales, tareas sagradas de supervivencia en las que toda la comunidad se volcaba. Fernandi transforma ese legado en una secuencia de imágenes que también nos hablan del presente. De algo que sigue vivo en nuestro interior. Nuestro cuerpo reacciona a las pantallas. Recuerda esos movimientos. Memoria del cuerpo. 

Texto y fotos: José An. Montero

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