
Un buen amigo, de esos que tienen mejor gusto que cualquier algoritmo existente o por existir, me recomendó el concierto de Tonina Saputo en el Patio Chico de Salamanca. No se equivocó. Fue un concierto perfecto para inaugurar el verano festivalero con sutileza y carácter, en esa línea singular que el FĀCYL domina de experiencias con firma propia.
Con el público aún sentado sobre el césped de los alrededores, reponiéndose de un día de bochornoso calor en uno de los días más largos del año, la temperatura empezaba a dar un respiro cuando Tonina comenzó su show con tonalidades jazzísticas viajeras del Mediterráneo al centro de África y aires norteamericanos, como añadiendo los ingredientes que compondrán un sabor único. Lo suyo no es una corriente que va trayendo a la orilla aguas de distintos mares.
Más allá de las siempre limitantes comparaciones con Billie Holiday, Esperanza Spalding, Nina Simone, Norah Jones o incluso con Mercedes Sosa, que puedan servir para la discusión de ambigú, Tonina tiene su propio aroma, suma de otros muchos. Un sabor que se potencia cuando el show está tan bien sazonado como el que ofreció en el FĀCYL de Salamanca.

Música de calidad, ambiente relajado, espacio escénico inmejorable y un acertadísimo videomapping sobre la puerta de Acre, todo reunido de manera orgánica con esa justa mezcla de jazz, soul y ritmos caribeños que propuso Tonina, acompañada de la elegancia sonora de la guitarra de Ivy Alexander, instrumentista keniana, miembro del colectivo The Flower Project, con Dalila Murano en batería completando el trío escénico.
Nunca estuvo tan claro el concepto de World Music. No como género, sino como punto de encuentro de muchas capas de sonidos de infinitas procedencias.. Música y voz poderosas, pero sensibles a la par. Un equilibrio casi milagroso de sofisticación y naturalidad.

En su repertorio, el alma de la música. Desde unos compases de La Hija de Juan Simón a Smells Like Teen Spirit, pasando por Quizás, Quizás, Quizás, Historia de un Amor, Como Yo, Un Trago De Tu Vida, Perfidia o Calypso Blues, todo encajaba de manera fluida. Simbiosis de sonidos, referencias, personajes e historias. Sonidos colectivos con ecos íntimos. Una mirada contemporánea a nuestro bagaje musical.
No necesita más comparaciones. Fue Tonina. Porque para cantar como canta Tonina, hay que llevar muchas voces dentro.