Tatuajes sonoros: Laia Estruch en el MNCARS

Por José An. Montero

Habitamos un tiempo saturado de ruido. Un murmullo constante y de fondo, del que apenas somos conscientes, acompaña cada gesto cotidiano. Entre esa sobrecarga de sonidos e imágenes tratamos de entender el mundo. La palabra, origen y creación, parece hoy sepultada bajo la hiperabundancia. Hubo un tiempo en que hablar fue sinónimo literal de crear. «En el principio era el Verbo», dice el Evangelio de San Juan. Lo mismo sostienen muchas cosmogonías que atraviesan culturas y siglos. En Egipto, Ptah modeló el mundo con el pensamiento de su corazón y el poder de su lengua. En el Popol Vuh, los dioses progenitores crearon a los animales y a la tierra simplemente hablando. En la tradición maorí, fue el canto el que separó el cielo de la tierra. En todas ellas, la voz no era ornamento, era Génesis.

Laia Estruch reivindica la voz como forma de descubrir y habitar el mundo. Hello Everyone, en el Edificio Sabatini del Reina Sofía, convierte el museo en un almacén transitable que reúne todos sus trabajos desde 2011. La exposición despliega las esculturas que dieron soporte a sus performances, que hoy vacías de los sonidos y la presencia de la artista, quedan convertidas en partituras indescifrables del sonido que un día las habitaron. Un museo de  experiencias sonoras pasadas y de la huella de la voz. Restos materiales de lo inmaterial que las habitó. 

La voz de Laia Estruch, que emana grabada de altavoces susurrantes, no imita, sino que explora lo primigenio del sonido humano. La artista barcelonesa, nacida en 1981 y formada entre la Universitat de Barcelona y The Cooper Union de Nueva York, de la mano de Sharon Hayes, referencial por su trabajo en performance y estudios de género. Allí descubrió la voz como herramienta escultórica y performativa. “Segueixo sense tatuatges” (Sigo sin tatuajes), escribe sobre la pared. Quizá porque somos tatuajes de voces y sonidos como marcas invisibles que se adhieren al espacio.

Hablar fue, desde siempre, crear. La palabra no es un accesorio: es origen, vibración, presencia. Una presencia tal vez efímera, pero determinante. En Hello Everyone, lo que quedó de una trayectoria dedicada a la performance se ofrece ahora a la mirada y al oído como un «almacén transitable», como materia vivida y experimentada. Los materiales son simples —cortinas, boyas, tubos, canales de viento— pero cada elemento desempeña un papel esencial en las partituras vitales de Laia Estruch, donde las obras no son objetos estáticos sino estaciones de paso que se activan con la presencia del visitante. En este espacio mutable, la resonancia de la voz adquiere un papel central. Como demostró la cantaora Rocío Márquez en su tesis doctoral —en la que utilizó resonancias cinemáticas para estudiar cómo la voz se modifica según las posiciones y los resonadores del cuerpo—, explorar las posibilidades del sonido vocal es abrir un camino hacia una mayor diversidad de matices y una paleta sonora más amplia. Estruch, al igual que Márquez desde otro lenguaje, convierte la voz en material sustantivo de su experimentación escénica.

Trena (2023), la escultura inflable de 35 metros que ocupó la Sala Oval del MNAC, dialoga ahora con la arquitectura del Reina Sofía como un cuerpo flexible y respirante. En Crol (2019), la artista combina natación y recitación poética, sumergiendo la voz en un medio ingrávido. Sibina (2019) propone sinuosas estructuras metálicas para explorar la proyección y quiebre del sonido. Se suman piezas como Moat III, cuerpos blandos activados por el movimiento; Gavinet, escultura inspirada en Brossa que funciona como escenario móvil; y Kite (2022-2024), que traza un paisaje de viento y voz. Finalmente, en Sirena (2021), realizada junto a Irene Solà, Estruch subvierte el mito de la mujer-pez, reivindicando el canto como acto de empoderamiento.

La voz, en la obra de Laia Estruch, puede entenderse también como esa fuga organizada del cuerpo de la que habla Alba Rico. Una fuga que se despliega en tres direcciones o medios: “el intracorporal, cuando la voz se produce dentro del propio cuerpo y se transforma en resonancia interna; el intercorporal, cuando se cruza y entrelaza con otras voces y presencias en el espacio compartido; y el extracorporal, cuando abandona el cuerpo para prolongarse en el aire, en los objetos y en la memoria de quienes la escuchan”. En Hello Everyone, esa voz que huye pero deja huella atraviesa cortinas, se enreda en tubos, flota en las boyas o se suspende en las mangas de viento, haciendo del espacio expositivo no solo un contenedor, sino un organismo en el que la voz se aloja, resiste y persiste.

Grabaciones, susurros, fragmentos poéticos. «Después del eco de las palabras, después de que mi voz roce las cosas y llene todo el espacio entre los objetos, guardo silencio. Para separar el poema de lo demás. Y escucho. El poeta habla. El poeta proclama. Pero el poeta también escucha.», escribe Irene Sola en ‘Canto yo y la montaña baila’. Alba Rico lo ha reflexionado en profundidad: vivimos tiempos en los que huimos del cuerpo mediante gadgets, prótesis y entornos virtuales. Estruch nos devuelve, con su trabajo, al lugar original del cuerpo y de la voz: como vehículo, como emoción, como huella.

En Hello Everyone, la vulnerabilidad es resistencia, diálogo, pero también fragilidad, no debilidad. Es honestidad. En Ocells perduts, una obra nacida en plena pandemia, la respiración —convertida entonces en amenaza— se convierte aquí en celebración. “En lugar de actuar, fabulo”. Da voz al agua y al viento, creando un paisaje sonoro donde naturaleza y escultura se funden. Paisajes sonoros, como los que abordan Palmese y Carles, conviertidos en mapas de memoria y geografía, y que tienen aquí un eco. 

No todos los visitantes de Hello Everyone se detienen a escuchar, pero todos formamos parte de la performance expositiva. Formamos parte del coro de voces y sonidos que habitan las piezas nuevamente, reconfigurando la propuesta original y dotándola de nuevos significados. Hello Everyone es el título de esta propuesta performativa no lineal que se convierte ineludiblemente en un túnel sonoro en el que cada visitante graba —sin saberlo— su propio tatuaje en la piel del oído.

Hello Everyone no concluye: se desvanece. Como un eco que regresa cuando ya hemos abandonado el lugar. La voz de Estruch permanece en la memoria. No sólo como recuerdo visual, sino como memoria sonora. Voz que marca, que roza, que roza sin herir pero sin desaparecer. «Canto como si plantara, como si hiciera una mesa, como si alzara una casa… Como Dios creando animales y plantas. Canto yo y la montaña baila.», escribió Irene Sola. Un canto colectivo, inconsciente, que hace que estas esculturas vuelvan a bailar nuevamente. 

La exposición Hello Everyone de Laia Estruch, comisariada por Latitudes (Max Andrews y Mariana Cánepa Luna), se presenta en el Edificio Sabatini (Planta 4) del Museo Reina Sofía de Madrid y podrá visitarse hasta el 1 de septiembre de 2025. La muestra reúne las principales obras producidas por la artista desde 2011 y transforma el espacio expositivo en un archivo sonoro y transitable en el que la voz actúa como materia escultórica y performativa.

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