
Una exposición en la Hospedería Fonseca reúne por primera vez una retrospectiva de Juanma Carrillo, cineasta, fotógrafo y pionero en el uso creativo de la inteligencia artificial.
Más de cien piezas —entre videoclips, instalaciones y obras postfotográficas— componen Poderes Extraños, una retrospectiva que condensa dos décadas de creación visual.
La aparición disruptiva de la inteligencia artificial ha sido tan convulsa que parece haber arrasado con cualquier posibilidad de nuevas formas artísticas. Una irrupción que parece amenazar con el desmantelamiento absoluto de la creación humana. Poderes Extraños es mi primera incursión en la IA entendida como herramienta de construcción artística, como un pincel contemporáneo o, quizá aún más, como una extensión de la imaginación humana.
Ha sido en el contexto del FACYL, en Salamanca. En la Sala de Exposiciones de la Hospedería Fonseca se presenta durante estos días Poderes Extraños – Retrospectiva de Juanma Carrillo, comisariada por Javier Panera y Rodrigo Tamariz, y que podrá visitarse hasta el próximo 7 de septiembre. Una antológica con carácter, que recorre una trayectoria vital y creativa profundamente personal.

Juanma Carrillo, fallecido en 2024, fue uno de los creadores más estimulantes de los últimos años. Entre las referencias de la hoja de sala aparecen citados expresamente el romanticismo pictórico de Tarkovsky, el videoarte denso y físico de Bill Viola o las performances incómodas de Marina Abramovic. Aunque el paladar clásico puede quedar impregnado del hiperrealismo de Antonio López, más real que lo real. Cineasta, fotógrafo y artista visual, su trabajo se apoyó en la música como forma de relato emocional, videoclips para La Casa Azul, La Bien Querida, La Habitación Roja o Soleá Morente que funcionaban como cortos autónomos, cargados de atmósfera y ritmo interno, piezas en sí mismas.

En Ataraxia, Quiero, Taquicardia o Muero de amor hay una tensión constante entre lo íntimo y lo estético, entre la pulsión y el control formal. Carrillo convertía las canciones en imágenes que no solo ilustraban, pensaban. Con poco presupuesto y mucha libertad, consiguió crear una línea reconocible, una firma, dentro de un formato habitualmente subordinado a la promoción.
Pero lo más inesperado de la exposición llega desde la misma pantalla inicial que recibe al visitante entre los muros de piedra de esencia renacentista, como si la Cueva de Medrano no dejara nunca de producir sueños. Es ahí donde comienza la serie Películas de un solo fotograma, una colección de imágenes creadas con inteligencia artificial que funcionan como escenas congeladas de películas que, aunque inexistentes, parecen formar parte del imaginario colectivo, con una densidad visual que fuerza al espectador a reconstruir la escena completa.

En esta y otras piezas, como Rare o A Love Film Story, Carrillo se apoya en la IA como herramienta narrativa para explorar relatos en los que lo humano y lo no humano conviven. Sin cinismo ni euforia tecnológica, consciente, más bien, de que esto ya forma parte del presente. Imágenes inquietantes, densas, narrativas. Que desconciertan a la mente.
Dos bomberos besándose bajo los escombros del 11-S. Soldados queer en paisajes contaminados. Amores posibles que nunca existieron. Todo eso cabe en estas imágenes generadas con IA que actúan como una extensión de la imaginación humana. Una forma de decir que todavía, incluso ahora, se puede mirar.
La muestra incluye 24 videoclips, 15 piezas promocionales, 2 videoinstalaciones con IA y más de 70 imágenes post-fotográficas de gran formato. Un camino en el que seguir haciéndose preguntas, probablemente sin respuesta.