Orchestra Baobab: 55 años bailando

Por José An. Montero

Es sorprendente que una banda tan referencial como la Orchestra Boabab que lleva 55 años sobre los escenarios y más de 20 discos a sus espaldas se prodige tan poco por España. De hecho no hemos encontrado mas referencias. Da igual. Ahí estaban en el escenario de la Plaza del Ayuntamiento, en un atardecer sin la brisa de otras jornadas, rodeado una marea de cuerpos con ganas de bailar.. Entre la gente, abundantes jóvenes nigerianos que bailaban rememornado sonidos de su infancia. A pesar de que en el escenario, solo se mantienen de los miembros de los setenta, Thierno Koité al saxo y Mountaga Koité en la percusión, la esencia no ha cambiado. Fiesta callejera, abierta, sin fronteras.

Baile, baile y más baile. Nadie reservaba fuerzas para el resto de jornada. Toquinho recogería el premio La Mar de Músicas o que Youn Sun Nah estaba a punto de hechizar el CIM. Este dia era el de la Orchestra Baobab. Quienes amamos este festival nos reconocemos en este ritmo. Tenerlos en la Plaza fue como meter sus treinta años de historia en una lista y darle al play.

Caravana abrió la tarde con esa cadencia de viaje y mestizaje que es puro Baobab. Cabral homenajeó al revolucionario de Guinea-Bissau con el mismo sabor de las radios senegalesas de los setenta. Bakhoul y Sutukun cruzaron Dakar y La Habana en menos de cinco minutos. Utrus Horas detuvo el aire: “A veces quiero perseguir al sol… La luna, oh, es la nuestra”. Senegal sonó a himno y Sibou Odia, flotó sobre un ritmo que parecía infinito. Boulma cerró la velada, como el último bocado de un manjar.

Baobab nació en Dakar en 1970 y sigue demostrando que el mestizaje no es postureo ni marketing, es un lenguaje propio. Sus guitarras entrelazadas, los metales cálidos y las voces polifónicas siguen construyendo un paisaje sonoro donde confluyen muchos puertos. Son cubano, griot storytelling y jazz africano. En 2025, en Cartagena, ese sonido fue presente.

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