Ese lugar donde nos encontramos, donde pasan la vida en común y llegan los viajeros. Ese espacio circular (o no) donde conversar, cantar, bailar, pintar, escribir o soñar.
Decía el maestro Galeano que “cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada”. Más allá de las etiquetas imprescindibles y de los calificativos majestuosos de los críticos musicales sobre su voz y los epítetos sobre el gozo intenso del caos cotidiano que baña sus letras. Porque …