Ese lugar donde nos encontramos, donde pasan la vida en común y llegan los viajeros. Ese espacio circular (o no) donde conversar, cantar, bailar, pintar, escribir o soñar.
“Con la muerte colgada del cuello comienza esta historia”. La música, la escena y el comienzo de la interpretación se convirtieron en el vaticinio del hilo argumental. Un halo de muerte, fantasmagórico, y al mismo tiempo acogedor, se respiraba en la sala. Un escenario desmontable y giratorio, minúsculo y a la vez inmenso, y tan solo tres actores polifacéticos (y nunca mejor dicho) encarnaban varios personajes y daban vida a muñecos y fantasmas. El clásico de Wilde cobró sentido y vida con la versión de la compañía “La Mona Ilustre”. La obra muestra un recorrido por el transcurso de la …