Lugar donde surgen los pensamientos que después se trasladan al alfabeto compartido.
Casi noventa años después, todos somos capaces de imitar los andares del Frankenstein a lo Boris Karloff. Cara pálida, cabeza plana y tornillos en el cuello. Un monstruo bueno que ofrece su mano protectora a las niñas, al mismo tiempo que se muere de miedo perseguido por unos adultos malos con antorchas. Poco más sabemos ya del monstruo creado por un Frankenstein adulto. Del joven podemos ponerle alguna pincelada más. Ese icono creado por el Hollywood de los años treinta apenas es una centésima parte de lo que podemos encontrar en la exposición “Beyond the Filthy Form” que estos días …