Bill Viola y el agua en la que estamos inmersos

Por José An. Montero

Dejé para el principio para el final. Ese punto primigenio del que parece brotar todo lo demás. Esa bolsa amniótica en la que pudiera encontrar la esencia de Bill Viola. El agua analógica en la que pudiera sentir la mano del artista lejos de la frialdad de los píxeles. Buscaba el fotograma recortado, la veladura, la pausa analógica que haciera temblar la figura. Alejarme de la pausa exquisita y nítida de la alta definición digital. Buscar al artista en el momento preciso en el que se lanzó al estanque oscuro de las pesadillas colectivas.

Tuve que descender hasta el sótano del Museo Abstracto, en esa maravillosa sala Z que te introduce en la propia piedra que sujeta la ciudad. Allí se encuentra el estanque original (The reflecting pool, 1977). Sólo aquí, en la escuridad natural de la roca excavada y humeda, encuentro al Bill Viola salvaje, analógico y primigenio. Lo encuentro suspendido sobre el estanque oscuro en posición fetal, resistiéndose durante un eterno minuto a sumergirse en las aguas de nuestro tiempo. Resiste agónicamente a caer en este destino como si supiera que a partir de ese momento su obra no fuera otra cosa que un intento desesperado por salir a la superficie, como ese mensajero en constante lucha por salir a la superficie y poder respirar que está prisionero en la Iglesia de San Andrés.

En estas aguas tenebrosas quedó sumergido para siempre sumergido el artista sumergido. Ese agua que a partir de aquí podrán ser poderosas, digitales, eternas, terribles, apocalípticas, asfixiantes, torturadoras, mortales, infinitas, no serán nada más que una pesadilla que recordará a este estanque oscuro. Podrá salir de nuevo a la superficie, desnudo y aparentemente purificado, pero algo se quedó aquí adentro para siempre.

En la sede del Museo Abstracto Español de Cuenca puedes encontrar tres piezas de Bill Viola: The Reflecting Pool (1977-79), Unspoken (Silver & Gold) (2001) y Madison y Sharon, extraídas de un conjunto de siete que forman parte de la obra The Dreamers (2013).

Si quieres saber más sobre esta exposición puedes leer Bill Viola y los dioses mestizos. Exposición “Vía Mística” en Cuenca

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