Ese lugar donde nos encontramos, donde pasan la vida en común y llegan los viajeros. Ese espacio circular (o no) donde conversar, cantar, bailar, pintar, escribir o soñar.
Resulta que el tatarabuelo de Marcos Martincano era Mariano de la Fuente, alias el Chavo, y por eso él, su tataranieto, es Marcos el Chavo. O debería. Porque aunque su madre se ponga a la izquierda y él a la derecha para hacer torrijas cada mes de abril, resulta que Marcos se marchó a estudiar a la capital y nunca quiso, o le dejaron, ser quinto. Y aunque la larga cadena de mujeres haciendo torrijas no se rompiese, el hilo que nos une a la tierra hay quien lo cree roto. De pertenencia, de vínculos rotos, de tradiciones propias, aunque …