
Me voy. Me alejo. Pero no me desvinculo. Eso me perdería. Tal como estoy. Me queda llevarte. Conmigo. A todos los lugares. Para encontrarme. Para unirme a mí. Mi pasado. Mi presente. Y. El camino hacia el que dirigirme. Sólo para pisarlo. Impregnarme de historia. De tierra. De conexión. Alejarme de lo concurrido. De lo arrasado y masacrado. Repetido y masificado. Expresando la tierra que piso. Que recorro. «Perdidos. Aturdidos a estímulos. Pero, ninguno real; ninguno elegido. Sin haber buscado. Sin haber conectado. Sin saber qué decir.
Cuando sólo nos ha quedado seguir la norma. La actual, claro. Como borregos que ni conocen a las ovejas, perdidos en el metro. Con un destino preconcebido. Con una elección arrebatada. Sin opción a transformación. Acudiendo al olvido y al abuso.

Nuestras vidas pasadas ya sólo tienen cabida en las vacaciones. Manteniendo así la estabilidad. Un sistema que sobrevive gracias a estas brechas a las que llamamos libertad. Estas reconexiones con la tierra, que no asfalto, que pisamos; efímeras, superficiales y poco conscientes, son justo lo que necesitamos para aguantar.
Sin fuerzas, ni tiempo. Ni para vestirse y expresarse. Elección que irradia simpleza y falta de identidad. Sin replantearse una conexión. Para que esas prendas que cubren tu cuerpo hablen de ti. Tu origen, tus intereses, tus palabras e ideas. Tú. Hay que mearles, hay que impregnar de olor, de textura, de grasa corporal. La tela es para los cuerpos que las visten, no para un sujeto sin secreciones, frío.
Escribiremos para perdernos más, pero perdernos por nuestra decisión. Con intención de formar una identidad, aunque sea perdida, puesto que, no dejará de estar en transformación. De estar viva.

Lo falso, inanimado, sin sentimientos. Contra eso, una poderosa manta de polvo, de interacciones y, palabras. Llegando hasta dónde deseemos. Traspasando, como podamos, las verjas y los candados de los límites de lo normativo, del desapego, la apatía, la insensibilidad, la frialdad, la neutralidad y la distancia.
Una distancia crítica al paseo y al descanso. Que nos ensucia y cambia. Que nos construye y nos forma. Dotando de tiempo y movimiento para ser. Para oxigenar nuestro organismo. Una identidad construida, y, no de serie. » «Presentarse y conocer. Caminar por las calles de Tragacete. Saludar y comunicarse con sus residentes con respeto y ganas de entablar conexiones. Con el lugar y las personas, tanto éstas como con nosotrxs mismxs. Escuchar lo que sucede a nuestro alrededor. Dejando atrás el individualismo capitalista. Apreciando aquello que compartimos y en lo que diferimos.
Dando al proyecto su propio recorrido, con intenciones de una formación propia, viva y con movimiento. Creándose por el camino, cambiando en el proceso. Originándose una prenda transferible, pero, propia. Que posee una identidad. Por esa necesidad de crecer según los pasos dados y todas sus variantes; pero que se adapta a todo tipo de cuerpo o morfología humana.

Desde que llegué a este lugar experimenté un gran impulso por escribir, por comunicar lo que estaba sintiendo. Consideré que quería compartir esto, que buscaba con quién compartir este proceso, aumentando, así, el nivel de volumen de la voz. Además, de dotar de variedad. La respuesta era clara: mis compañerxs. Nuria Araque (también como registro fotográfico), David García, Leandra Adela Muñoz, Miki Delgado, Quique González, María Herreros. Que aportaron un pequeño escrito, unos pequeños mapas de expresiones.
Otra situación que me inquietaba era la mirada de un gran árbol arriba de la sierra. Que no parecía que fuese su lugar, pero, ahí estaba, inmóvil, con una copa extrañamente alta y un tronco extrañamente perfecto.
El último día y, cómo acción de cierre, subimos. Gracias a las conexiones con Antonio y Magdalena, que me mostraron toda su historia, nos invitaron a casa y pudimos conocerlos mejor, además que su ayuda fue fundamental y me mostraron el camino sin camino hasta el disonante; la Chari, Fernando, Paco, Mar, Jerónimo, Marcela, el Porro, Bodoque, Mari y Pili.

Un camino para escuchar a la tierra que pisabas y olías, para conectar con tu prenda, que cargas, con la que te compenetras. Ya ahí arriba, no encajaba, pero, parecía llevar allí tanto tiempo que sus huellas y mezcla era obvia.
Los escritos dejarán de acompañarnos y pasarán a pertenecer al lugar, atravesando la valla que separa a este frío y falso árbol, como si esa tierra fuese sólo suya, como si fuese demasiado bueno para mezclarse territorialmente. Ya con nuestra identidad o territorio trashumante en formación constante, que habita en la presente tela, bajamos la pendiente. La noche nos arropó y los postes eléctricos se fundieron con la oscuridad. El cementerio, nuestro punto de partida, era una mancha indescifrable. Por lo que una vez más, acabamos perdidxs.

Alicia Martín-Serrano. Aprendiz continux. Buscando sin intención de llegar a. Nacidx en Miguelturra, Ciudad Real. Graduadx en Bellas Artes de Cuenca. Probando el vídeo, la instalación, la performance, la acción y la fotografía. Y, sobre todo, la expresión. En movimiento, persiguiendo el desarrollo, para perderme en un mar de conexiones. Dispuesta a no parar, a trabajar a tientas. Formando identidades compartidas. En obras líquidas.
Exposición comisariada por José An. Montero y Cristina Domínguez (Crisdose). Fotografía: David García.
