En los últimos años los festivales en el mundo rural han proliferado como setas al calor de la moda y de la financiación, que destinada al desarrollo rural, que acaba convertida en numerosas ocasiones en mero ocio para veraneantes y en beneficios empresariales endógenos. En numerosas ocasiones esta cultura del evento peca de la falta de participación local, de sostenibilidad en el tiempo y de originalidad. Diseñados desde las capitales responden a una convocatoria y replican el modelo una y otra vez. Aterrizan, hacen el evento, hacen caja y desaparecen para siempre. Si el término “overturismo” o “sobreturismo” se ha …