
“En las afueras del pueblo, hay un organillero, que con los dedos entumecidos le da a la cuerda penosamente…” (Wilhelm Müller, 1794-1827)
‘La Edad Media era inculta’, así titula el historiador francés de origen español Martin Aurell el capítulo tercero de su reciente ensayo ‘Diez ideas falsas sobre la Edad Media’ (Taurus, 2024). En esta obra rebate contundentemente diez grandes ideas preconcebidas sobre este periodo tan heterogéneo y rico que abarca casi mil años de la historia de Europa y al que solemos asociar a lo oscuro, lo primitivo y lo bárbaro.
Una prueba “agustiniana” de que la Edad Media no fue tan primitiva ni tan inculta como la narran es escuchar (y ver tocar) una zanfona, un instrumento de cuerda frotada que ha llegado con escasas variaciones a como podría ser en la Edad Media. Su variante infernal y retorcida, pero estructuralmente idéntica, fue retratada por el Bosco en ‘El Jardín de las Delicias’ en 1515.

La prueba empírica de la riqueza sonora y complejidad de este instrumento es asistir a un concierto de Germán Díaz, uno de los zanfonistas de referencia, poseedor de una visión casi holística de la música capaz de entretejer en sus ejecuciones la música antigua, la clásica contemporánea, el jazz o la tradición popular, difuminando las fronteras y las cajones estancos.
Si además este concierto es en la iglesia mudéjar de Santa Marina de Mayorga, desde hace varias ediciones uno de los escenarios de las extensiones del Festival de Teatro Alternativo de Urones de Castroponce (FETALe), se convierte en una de las citas ineludibles del verano castellano. Como acertadamente citó Mercedes Asenjo, el síndrome de Stendhal se apoderó de los asistentes, debido a la exposición a tal belleza y riqueza musical.
Acompañando la zanfona con artilugios mecánicos singulares como la rolmónica cromática, el órgano de Barbaria o la caja de música para acompañar la zanfona con composiciones arregladas y perforadas manualmente en cartones por el propio Germán Díaz, la iglesia de Santa Marina viajó hacia un tiempo indefinido de ingenios mecánicos casi mágicos capaces de transportar a ese ambiente de finales del XIX que tan bellamente narró Martin Scorsese en ‘La invención de Hugo’.

Un tema de un film de Chaplin al órgano de Barbaria sirvió para iniciar el concierto y abrir las puertas a este mundo poblado por sonidos y referencias musicales de menú degustación que fueron desde la música de origen sefardí a composiciones contemporáneas de la griega Eleni Karaindrou o del zanfonista francés Valentin Clastrier. Temas como ‘La eternidad y un día’ o ‘Et la roue de la vie’, respectivamente, que pertenecen al referencial ‘Método Cardiofónico’ (2014).
Complicado trasladar a palabras esa mezcla de belleza musical y poética, asombro infantil ante el aparato mecánico que toca música leyendo cartones perforados, nostalgia ante la evocación de sonidos instalados en algún lugar de la memoria colectiva. Un viaje circular en el tiempo y en el espacio, capaz de trasladarlos a las antiguas plazas de los pueblos con los cantares de ciegos, a las vanguardias artísticas con Satie o a las islas del Mediterréneo con composiciones de Fratelli Mancuso.

Delicia tras delicia en concierto especialmente emotivo para el propio Germán Díaz porque como fue desgranando desde el escenario sirvió para encontrarse con amigos que han sido fundamentales en su trayectoria. Agustín, profesor suyo con el que participó en un concurso musical cuyo premio sirvió para comprarse la primera zanfona; Miguel Morate, compositor y musicólogo, o el músico y poeta Benxamín Otero con el que grabó y colaboró en el espectáculo ‘Método cardiofónico’.
Este viaje musical también hizo parada en la Viena de principios siglo XIX, en los últimos días de Schubert, con la mirada puesta en ese viejo zanfonista (u organillero, según las versiones) que toca descalzo sobre el hielo, invisible a las miradas, que sigue con un afán imperturbable haciendo girar la manivela, haciendo sonar sus tristes lieder sin parar mientras los perros gruñen a su alrededor. ‘Der Leiermann’ finaliza con los bellos versos de Wilhelm Müller, “Viejo extraño, / ¿Voy contigo? / Cuando yo cante mi canción, / ¿me acompañarás con tu organillo?”. Que la manivela nunca deje de girar.
Germán Díaz presentó su proyecto ‘Música para Manivelas’ el miércoles 14 de agosto de 2024 en la Iglesia de Santa Marina de Mayorga, dentro del programa del Festival de Teatro Alternativo de Urones de Castroponce (FETALe).