La polinización cruzada de Alfredo Rodríguez Quartet

Por José An. Montero

Primera jornada de Estival Cuenca en el Escenario Solán de Cabras del Parador de Cuenca dedicada al jazz con Alfredo Rodríguez Quartet como protagonista. 

Primer día de julio y primer concierto de Estival Cuenca en el emblemático escenario del Parador de Cuenca con el skyline de la ciudad medieval al fondo. Siempre palabras mayores. Siempre es de agradecer que músicas como el jazz tengan espacio en este tipo de festivales y que lo hagan con propuestas mimadas y de calidad como la que presentaron ayer Alfredo Rodríguez Quartet ante un público que completó el aforo disponible. Una demostración de que cuando una propuesta está cuidada, trabajada y  bien comunicada atrae al público a propuestas culturales alejadas de lo más transitado. 

La propuesta del pianista de origen cubano tuvo los ingredientes con los que enamoró al público conquense en aquel mítico concierto post pandémico de 2021 en el MUPA, escenario que se sigue echando de menos, donde regó entre el público estivalero un frescor y aroma a vida tan necesario en ese momento. Además, en esta ocasión sumó al sólido trío instrumental formado por el pianista Alfredo Rodríguez, el batería Michael Olivera y el bajo Yarel Hernández, la voz de la cantante Alana Sinkëy que aportó en el tramo inicial y final una textura vocal muy cálida y cierta contención al trío que sin ella sobre el escenario cabalga a velocidades extraordinarias por las melodías. 

Un concierto con introducción, nudo y desenlace, como las buenas historias. Rodríguez toca lo que vive, y también lo vivido, añadiría, por eso su show transitó por Coral Way, la calle de Miami donde vive desde hace tres años, pero también por su memoria vital que acaba transitando los sonidos cubanos de su infancia. Rodríguez no hace distinciones de estilos y fluye libremente, desde el espíritu del jazz latino, por la timba, la salsa, la bachata, el tango, el reggaetón, el bolero o incluso el pop anglosajón. 

Los sonidos latinos más clásicos tocan techo con la incorporación de Alana Sinkëy, que añade al cóctel sus orígenes bissau guineanos, su infancia lisboeta y su residencia habitual madrileña, y con una carrera donde se fusionan el ritmo del jazz con el flamenco, el funk y el afrocubano. Versiones de clásicos de la música latina como el Bésame Mucho, último single publicado por Rodríguez, aunque esta vez en la voz Alana Sinkëy, en lugar de Elif Sánchez que lo acompaña en la grabación, transitando por el jazz latino y que fueron de lo más celebrado de la noche. 

Si algo distingue a Alfredo Rodríguez es su capacidad para contar historias, historia ajenas, pero también historias personales, como El despertar, primera canción que interpretaron en trío y en la que fue el propio Alfredo el que asumió las tareas vocales de este tema que grabó con Cimafunk, la revelación cubana del momento. Ahí comenzó el bloque más jazzístico de la noche, en la que el trío cubano deslumbró como viene siendo habitual cabalgando libre con la solidez que les da una vida entera tocando juntos y que este año los acercará a los principales escenarios europeos y norteamericanos. Un trío compacto y a la altura, donde Alfredo Rodriguez aporta la brillantez, Michael Olivera la contundencia y que el bajo de Yarel Hernández entrelaza con elegancia y alegría. Jazz de alto voltaje caribeño. Con el regreso de Alana Sinkëy al escenario, el galope se convierte en trote elegante. Sueño de luz, el tema de Rodríguez dedicado a su infancia, sirve de toma de tierra delicada para entrar en el último bloque del concierto que culminó con una maravillosa versión del Thriller de Michael Jackson, cuyo productor, Quincy Jones, ha firmado también varias entregas del músico cubano. Y para terminar… Quizás, quizás, quizás, el tema eterno de Osvaldo Farrés.

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