Los ilustradores taiwaneses Lu Guan-Ying y Chen You-Lin, junto con la artista conquense María Herreros de la Fuente, participaron en la creación del cartel de Estival Cuenca 2026 bajo la dirección artística de José An. Montero.

La imagen nace de su experiencia recorriendo la ciudad y observando la relación entre el paisaje y quienes la habitan. Como explica Chen You-Lin, la intención no era realizar una simple imagen promocional de la ciudad, sino que “la idea del cartel nació de nuestra experiencia caminando y observando Cuenca. No queríamos hacer solamente una imagen turística, sino presentar la relación entre el paisaje y las personas”.

Durante su estancia en Cuenca, participando en un programa de intercambio universitario con la Facultad de Bellas Artes de Cuenca, trabajaron con algunos de los elementos más reconocibles del entorno conquense. “Trabajamos con elementos muy característicos de Cuenca, como las piedras, la hoz y los puentes. Integramos las formas de las rocas dentro de las letras para que el texto también pareciera parte del paisaje”. La figura humana de la cantaora Rocío Márquez aparece cubierta por texturas pétreas, como si el cuerpo se fundiera con la memoria de la ciudad, una idea que los propios artistas desarrollaron al buscar formas de representar la relación entre territorio e identidad.

Esa aproximación visual también estuvo marcada por su formación y por la tradición artística oriental. Según explica Chen You-Lin, “en la figura humana usamos texturas parecidas a la piedra, como si el cuerpo se mezclara con la memoria de la ciudad. También queríamos reinterpretar el lenguaje visual de Manolo Millares desde una mirada más oriental, mezclando la estética de la tinta china con su fuerza visual”. Una influencia vinculada a su procedencia taiwanesa y a una tradición cultural en la que la escritura y la pintura han mantenido históricamente una relación muy estrecha, al realizarse ambas mediante el uso del pincel.

La experiencia conquense ha estado marcada además por una constante comparación entre ambos territorios. Los artistas descubrieron que en Taiwán también existen paisajes kársticos y comenzaron a establecer paralelismos entre ambas geografías. Como recuerda Chen You-Lin, «nos pareció interesante descubrir que en Taiwán también existen paisajes kársticos, aunque son muy diferentes a los de Cuenca. Durante nuestra estancia aquí, fuimos comparando las dos culturas y observando distintas formas de relacionarse con el paisaje y la naturaleza».

Esa comparación terminó convirtiéndose en una herramienta de trabajo. Chen You-Lin comenzó a escribir pequeños textos acompañados por fotografías tomadas durante su estancia y encontró en ellos una forma de relacionar ambos contextos culturales. “Personalmente, empecé a escribir pequeños textos sobre las diferencias que siento entre Taiwán y España, acompañándolos con fotografías que tomé aquí. Todo esto forma parte de nuestra experiencia artística y cultural en Cuenca. Porque aunque las escalas son distintas, he encontrado muchas similitudes. Quiero usar mi perspectiva para escribir sobre la historia de Cuenca y conectar esos relatos con Taiwán para que podamos entendernos mejor el uno al otro”.

En el caso de Lu Guan-Ying, su trabajo artístico gira fundamentalmente en torno a la observación de la naturaleza y de la vida cotidiana. Como él mismo explica, “dibujo sobre la relación entre la naturaleza y los seres humanos. También retrato las cosas triviales y cotidianas de la vida. Porque son las cosas que mis ojos ven y siento el deseo de registrarlas; por eso las dibujo”.

La tinta china ocupa un lugar central en esa práctica artística. Más que una simple técnica, constituye una forma de construir la imagen y de relacionarse con ella. Según explica, “para mí, la tinta permite crear formas de manera muy rápida. Me gusta jugar con el contraste del blanco y negro para construir esas figuras. Disfruto mucho de ese proceso”. Su preferencia por el blanco y negro no responde a una decisión teórica previa, sino a una inclinación desarrollada a través de la práctica, porque, según explica, “simplemente me gusta el blanco y negro y las formas sólidas y grandes. El blanco y negro permite expresar mejor las emociones”.

“Prefiero el dibujo a mano porque el ordenador te permite volver atrás y modificarlo todo. Con el pincel y el papel, si trabajas con tinta, no tienes apenas oportunidad de corregir”, explica el dibujante taiwanés. “Tienes que haber pensado muy bien el trazo antes de que el pincel toque el papel; es un desafío constante. Por eso elijo lo manual sobre lo digital”.

Para Lu Guan-Ying, la diferencia no es únicamente técnica. Aunque considera que ambos medios pueden transmitir emociones, reconoce que encuentra en el trabajo manual una relación más directa con la experiencia. “Siento que ambos pueden expresar emociones, pero me inclino por lo manual porque me da una sensación de existencia real”. Esa búsqueda lo lleva con frecuencia a trabajar directamente en contacto con el paisaje. “A veces me llevo los pinceles y el papel a la montaña para hacer dibujos del natural. Mis temas están ligados a lo natural. Al ver la majestuosidad de un paisaje, quiero dibujarlo. Proyectas en ese paisaje tus sentimientos, el estrés o el dolor que puedas tener en la vida, y lo transformas a través del dibujo”.

Sobre la inteligencia artificial y su creciente presencia en el ámbito creativo, Lu Guan-Ying reconoce que estas herramientas permiten obtener resultados con gran rapidez, pero considera que la diferencia fundamental reside en el propio proceso de creación. “La IA genera algo rápido a partir de una idea. Pero en el proceso manual, nosotros cambiamos y evolucionamos mientras dibujamos. Surgen nuevas ideas durante el acto de pintar; es un proceso que parte de tu propio pensamiento y capacidad humana”. Para el artista, la obra no surge únicamente de una idea inicial, sino también de las transformaciones, descubrimientos y decisiones que aparecen durante su realización.

Por ello defiende que el artista debe seguir siendo el origen y el motor de la transformación de la imagen. Su preocupación es que una dependencia excesiva de la tecnología termine debilitando la identidad personal del creador, una inquietud que conecta con las palabras de Sebastiaan Faber, quien advierte que “La IA zombifica. Está diseñada por algoritmos para producir textos e imágenes genéricos. Es el enemigo de toda idiosincrasia. Poda, pule, desangra”.

Para Lu Guan-Ying, la creación artística continúa siendo un espacio donde pensamiento, experiencia y acción permanecen inseparables. Como resume al final de la conversación, “con la IA puedes partir de una idea muy rápido, pero a veces siento que el proceso manual me permite mantener una conexión más directa con mis propias sensaciones y decisiones. Acabas perdiéndote a ti mismo en el proceso. Por eso no uso la IA para crear, sino el papel y la tinta china”.

Entrevista María Romeu y José An. Montero.

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