Paquito D’Rivera, de Amadeus a Don Pepito en dos compases 

Por José An. Montero

Puede parecer una afirmación hiperbólica situar el concierto que Paquito D’Rivera ofreció anoche en el escenario Alhambra del Parador de Cuenca entre los más destacados celebrados en la ciudad durante la última década. La naturalidad con la que enlazó el segundo movimiento del Concierto para clarinete de Mozart con el «Hola, Don Pepito, hola, Don José» de Los Payasos de la Tele, a partir de una broma surgida durante la entrega del Premio Cervezas Alhambra a la Trayectoria Musical, anticipó el tono de una actuación en la que el humor, la improvisación y el diálogo entre los músicos convivieron con un virtuosismo musical de primer nivel.

Si esta edición de Estival Cuenca ha vuelto a destacar por el nivel de su programación, algo habitual en la trayectoria del festival, basta recordar que por sus escenarios han pasado, sólo en la sección de Jazz, nombres como Pedro Iturralde, Jorge Pardo, Chano Domínguez, Perico Sambeat, Marco Mezquida, Alfredo Rodríguez, Michael Olivera, Antonio Serrano, Andrea Motis o Rita Payés. Dentro de esa relación de nombres, el concierto del Paquito D’Rivera Trío ocupa un lugar propio.

La razón no está únicamente en la trayectoria del músico cubano-americano, suficientemente conocida, sino en una propuesta que recuperó el ambiente de los clubes de jazz, donde el humor y la improvisación forman parte del lenguaje musical con la misma naturalidad que un estándar o un blues.

Durante toda la actuación, el interplay entre D’Rivera, Pepe Rivero y Sebastián Laverde marcó el desarrollo del concierto. Las citas musicales aparecían de forma constante, muchas veces en intervenciones de apenas dos compases, dando pie a respuestas inmediatas del resto del trío. D’Rivera recurría con frecuencia al trading twos, rompiendo el desarrollo habitual de los solos y manteniendo la improvisación en un diálogo continuo entre los tres músicos.

Fue uno de esos conciertos en los que resulta útil sentarse junto a un aficionado con muchos años de jazz a sus espaldas. Alguien capaz de ir descifrando las citas musicales, los trading twos y los guiños que aparecen durante la improvisación. Es una experiencia parecida a recorrer la Semana Santa de Sevilla acompañado por un buen conocedor de sus hermandades. Este concierto se habría degustado mucho más con alguien así que te vaya dando los códigos necesarios.

Anoche volví a acordarme de algunas conversaciones con Marcel Marata durante anteriores ediciones de Estival Cuenca, al que vi reflejado en muchas de esas camisas imposibles que forman parte, casi desde hace décadas, del uniforme no escrito de los festivales de jazz en un público foráneo que había viajado hasta Cuenca para ver el show de Paquito.

Además de la improvisación sobre «¿Y cómo es él?» de José Luis Perales y del ya citado «Hola, Don Pepito», el concierto estuvo salpicado de citas musicales. Algunas eran fácilmente reconocibles y otras aparecían durante apenas unos compases, lo suficiente para que el oyente atento las identificara antes de desaparecer entre la improvisación. Juraría haber reconocido «Guantanamera», «El Manisero», «El día que me quieras» y algunos estándares del bebop como «Salt Peanuts», «Anthropology» o «Confirmation». Descifrarlas todas forma parte del delicioso juego que D’Rivera propuso al público de Estival.

Pero si alguien ha podido pensar hasta aquí que el concierto se limitó a un simple juego musical, se equivoca. Fue una actuación de una enorme exigencia técnica. La formación con la que D’Rivera presenta en directo parte del repertorio de La Fleur de Cayenne reduce a tres músicos una banda que en el estudio incorpora contrabajo y batería. Esa decisión obliga a redistribuir entre los tres intérpretes funciones que habitualmente recaen sobre la sección rítmica. Como explicó el propio D’Rivera durante el concierto, tocar en este formato exige «trabajar el doble o el triple».

Junto al clarinetista, el pianista Pepe Rivero y el vibrafonista y marimbista Sebastián Laverde, colaboradores habituales en este repertorio, sostienen el pulso y la armonía sin el apoyo de un bajo o una batería. Rivero asume buena parte del peso rítmico desde el piano, mientras Laverde alterna la marimba y el vibráfono para aportar profundidad armónica y un ataque percusivo que mantiene el impulso de la música. Sobre esa base, el diálogo musical entre los tres permite que la improvisación avance de forma continua, con frases breves, respuestas inmediatas y un reparto constante de funciones.

La formación que llegó a Cuenca representa la versión más desnuda de un proyecto que habitualmente incorpora al contrabajista Reinier Elizarde «El Negrón» y al batería Michael Olivera en la base rítmica. La reducción al formato de trío modifica por completo el funcionamiento del grupo y multiplica la responsabilidad de cada intérprete.

Quizá el hilo que ha traído a Paquito D’Rivera hasta Estival Cuenca pase por Michael Olivera, batería de su formación habitual y viejo conocido del festival. O quizá por Antonio Serrano, otro de sus nombres habituales, que participa como invitado en La Fleur de Cayenne y que también ha dejado su huella en la historia reciente de Estival. Probablemente sea una simple coincidencia. O quizá no.

Lo que no admite discusión es que, en mitad de una gira que ha pasado por escenarios como el Auditorio Nacional de Música de Madrid, el Auditòrium de Palma o el Festival de Jazz en la Costa de Almuñécar, escuchar a Paquito D’Rivera frente a las Casas Colgadas, con el aire que asciende desde las hoces del Júcar y una cerveza con limón entre las manos o una botella de agua de cristal azul, es uno de esos pequeños grandes placeres que Estival Cuenca lleva años regalando a la ciudad.

Paquito D’Rivera Trío actuó el 2 de julio de 2026 en el escenario Cervezas Alhambra del Parador de Turismo de Cuenca dentro de la programación de Estival Cuenca. Junto a Pepe Rivero y Sebastián Laverde presentó un repertorio basado en La Fleur de Cayenne (2025) y Jazz Meets the Classics. Antes del concierto recibió el primer Premio Cervezas Alhambra a la Trayectoria Musical. La velada se abrió con la actuación de The Teacher’s Band, Premio Globalcaja al Talento Musical.

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