¿Quién está al otro lado de las galletas?

Por José An. Montero

¿Quién estaba al otro lado de las galletas de mi infancia? Con esa fe contemporánea en la tecnología, se lo pregunto a la IA. Antes de empezar a desvariar, me responde: “Puede que no haya nadie al otro lado de las galletas. Solo está el otro lado de la galleta”, y añade un emoticono de lágrimas sonrientes.

Casi nunca nos hacemos esa pregunta sobre las cosas que nos rodean. Consumimos objetos y alimentos sin pensar en las personas y los procesos —ni en los lugares— que los hicieron posibles, en una suerte de disociación cotidiana que borra poco a poco el origen de las cosas.

Siempre hay alguien al otro lado de las estanterías del supermercado. Tratar de recuperar los nombres y los rostros de quienes hicieron posible que las galletas María formasen parte de nuestra infancia ha sido el objetivo de la Asociación Cultural La Chivata Teatro con Galleteras, estrenada en la Plaza de la Compasión de Aguilar de Campoo durante la 32.ª edición de ARCA.

Detrás estaban las galleteras, mujeres que trabajaban desde la juventud en las hasta cinco fábricas que llegaron a existir simultáneamente en Aguilar de Campoo. En el centro de la plaza, once de ellas, vestidas con sus batas azules y en representación de los cientos de mujeres que pasaron por aquellas fábricas, compartían el resultado del taller de mediación artística desarrollado durante las semanas previas junto a La Chivata Teatro, dentro de Remienda, una iniciativa de mediación artística impulsada por la compañía con el apoyo del Ministerio de Cultura para recuperar la memoria de oficios tradicionalmente desempeñados por mujeres y trasladarla a la creación escénica.

Un ejemplo claro de una “cultura viva, conectada con nuestro tiempo y sus principales desafíos, que fomente el debate y la deliberación, que cuestione —no reafirme y apuntale— estereotipos y privilegios y pueda reescribir legados, prácticas e imaginarios, también fantasear con otros nuevos” de la que habla Benito Burgos.

Una pieza de teatro testimonial con toda la potencia del site-specific. Es de Aguilar, ocurrió en Aguilar y conserva ese olor a galleta que todavía impregna el territorio, pero sin edulcoraciones. Una historia que tuvo un fuerte impacto hace unos meses con la publicación del libro Galleteras. La otra memoria de la galleta María (La Caja Books, 2026), de Laura Sanz Corada, cuya investigación ha servido además como referencia documental para el proceso de mediación.

Si el libro de Laura Sanz desplazó el foco desde las grandes marcas y los hitos industriales hacia el relato familiar y cotidiano, la propuesta de La Chivata lo expande hacia la memoria colectiva de un pueblo y su relación con la María de Aguilar. Que se llamó María, pero también podría haber tenido otros nombres, tantos como galleteras.

Una pieza que en este lugar y en este contexto cobra toda su fuerza entre las lágrimas del público al que evoca recuerdos mientras genera unos nuevos en los más pequeños, que descubren que una de esas mujeres fue su abuela, sin evocaciones folclóricas, con el orgullo de una vida de resistencia cotidiana.

La dramaturgia se fue formando con lo que las participantes trajeron a los talleres. Recuerdos del destajo y saberes del oficio, canciones de la cadena de envasado, relaciones entre compañeras y también historias que nunca habían llegado a ningún archivo. Actrices y vecinas moldearon ese material junto con Irati Morán, responsable de la dramaturgia y la dirección; Selma El Amrani, del equipo de La Chivata Teatro; y Marina Paredes, actriz y cantante que acompaña a las participantes en escena.

Nunca hubo tanto silencio en esta plaza, ni tanta emoción. Tampoco hubo tanta verdad como en esta pieza de teatro testimonial y comunitaria, que no moraliza, que no edulcora, que cuenta la historia desgarradora de un pueblo que se vio traicionado por el cierre de sus fábricas, igual que en La Caverna de Saramago, donde el Centro Comercial decide sustituir la vajilla de barro por reproducciones de plástico, por Marías sin Aguilar, Marías sin nombre.

Galletas que se alejaban de las manos que les habían dado forma durante más de un siglo, reduciendo a escombros el edificio que guardaba, como la fábrica de chocolate de Willy Wonka, todos los tesoros de la memoria infantil. Y al fondo, una fotografía de una mujer con su bata azul y su cofia. Como en La Caverna, volvemos a ir de la mano de Saramago hasta ese pozo del sótano cero-cinco donde las excavadoras desentierran a los seis prisioneros condenados a mirar las sombras de la gruta, esos bultos inertes y atados a la piedra frente a los cuales Cipriano Algor llora al final de la novela.

¿Quién hizo estas galletas? Le insisto a la IA. «He buscado la frase y no parece corresponder a ningún chiste, meme o referencia conocida concreta». Quizá es que no preguntaron por Aguilar. Le insisto entonces al libro de Laura Sanz Corada y me responde de manera directa: «De la cocina a la fábrica, las manos de mujeres no dejaron de dar forma a la masa». Pregunten por Aguilar o vayan a la Plaza de la Compasión a buscar el papelito que una mano anónima dejó en la pared al finalizar la función: «Muchas gracias, galleteras. Cuidaos mucho las manos».

Galleteras, proyecto Remienda, de La Chivata Teatro, presentado dentro de la 32.ª edición de ARCA (Encuentro de Artistas Callejeros de Aguilar de Campoo) los días 13 y 14 de agosto de 2026, a las 19:00 horas, en la Plaza de la Compasión. Dramaturgia y dirección: Irati Morán. Equipo de La Chivata Teatro: Selma El Amrani. Música e interpretación: Marina Paredes. Documentación de referencia: Laura Sanz Corada.

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