Tras la doble reja

Por José An. Montero

Entre reja y reja, 50 centímetros de separación entre la iglesia y un espacio oscuro al otro lado tras el que sólo se ven sombras. Hoy son visitantes de la exposición de Juan Uslé en Murcia. En su día fueron monjas de clausura. Espero que salgan los últimos visitantes y entro a la estancia forrada de negro en sus seis caras. Uslé ha dispuesto unos cuadros con matices de negros. El suelo es de moqueta negra. Silenciosa. Del exterior apenas se vislumbran las siluetas y cuanto más te acercas a las rejas menos claras te quedan las figuras al otro lado. Mientras observo desde este lado de la verja, se oyen los sonidos del móvil del vigilante de seguridad y al fondo la luz que entra de la cúpula refleja en una columna salomónica dorada que en la cara oculta está manchada de sangre. En el lateral una puerta tapada con otro fieltro negro. Al levantarla se ven las losas frías del suelo y una brisa fría hiela la sangre. Bajo de nuevo la cortina y regreso a la exposición ‘De luz y sangre’. Es la sala Verónicas de Murcia. Frente al Mercado. Cruzo al mercado y al subir las escaleras mecánicas mi imaginación cree ver las esculturas de la portada de la iglesia barroca del antiguo convento a través de unas rejas. Por la noche, Rocío Márquez finalizará su concierto cantando a la libertad a capella. Tras ella dos grandes telas blancas, tras ellas un gran escenario negro desde el que me parece sentir algunos pequeños ojos ocultos tras dobles rejas. Presiento que si las luces traseras se encendieran de golpe, sus siluetas golpearían el patio de butacas. Aunque lo más probable es que no sintiéramos nada y siguiéramos aplaudiendo sin saber muy bien el valor que tiene que hoy, a esta hora, en este momento, pueda estar escribiendo estas líneas y dejándolas volar.

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