El arte en general, y la música en particular, viven tiempos de fusión, de mezcla, de romper fronteras y acabar con los cajones estancos. Tiempos mestizos en los que existen pocos tabúes a la hora de pisar charcos e incorporar sonoridades ajenas. Sin embargo, esto también ha traído como consecuencia el sentimiento de vivir en una especie de masa informe en la que todo parece igual y solemnemente aburrido, como si se hubieran secado las fuentes de la creatividad, todo estuviese ya inventado y el único recurso sea habitar en un revival continuo de géneros y estilos, convertidos ya en …