Romer Ypunto, con flores en los brazos

Por José An. Montero

Ya por la tarde del jueves 15, doble sesión de narración en la sala Theo Alcántara del Teatro-Auditorio a cargo de Romer Ypunto y Virginia Imaz. Regresaba el DPalabra en estado puro al lugar donde los avatares no debieron sacarlo nunca, se cumplía el reencuentro anual con el arte de la palabra dicha que se inició en 2002 en aquellas memorables tardes del FLLIC (la Feria del Libro, la Lectura y las Industrias Culturales de Castilla La Mancha). 

El narrador venezolano, afincado en México, Romer Peña, conocido como Romer Ypunto, debutaba en España con su espectáculo ‘Pre-Textos’. Vestido de anaranjado, como los atardeceres de Barquisimeto, la ciudad de su infancia venezolana en la que habitan sus historias, y con los brazos tatuados con las flores que sembraba su abuela en el patio de su casa, Romer Ypunto hizo volar la imaginación del público hasta un pequeño muro desde el que se ve la pista de aterrizaje del Aeropuerto General Jacinto Lara. 

Allí, asomados al muro, vimos soñar a Peñita con volar, con que su padre pilotaba uno de esos aviones, con las historias de su casa de zinc, con la biblioteca de su tío, con un diccionario de portugués abandonado por un pasajero, con las flores de su abuela y los pájaros de su abuelo Israel. Romer Peña, conocido como Romer Ypunto, sin tilde, aunque se pronuncia, se vistió de Peñita a los seis años, a los nueve, a los once y a los dieciséis, cuando tomó su primer avión tomando vuelo como narrador precoz camino de Colombia. 

Su infancia sabe a arepas, redondas como la luna, a historias en un barrio venezolano de casas prefabricadas, a cines con cotufas (que es como llaman allá a las palomitas), al río Turbio que atraviesa la ciudad, pero Peñita es esa infancia universal a la que aunque cumplamos todos los demás sueños, nunca podremos regresar. “He cumplido muchos sueños, pero me queda el sueño por cumplir de regresar a mi barrio de la infancia”. Aunque bastó la imaginación para viajar sin nostalgia y revivir entre risas sus hazañas infantiles de este trotamundos que desde los dieciséis va contando por el mundo las historias de quienes ya se convirtieron en estrellas en un cielo compartido.

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