La Catedral de Cuenca rememora el Oficio de Difuntos del Siglo de Oro

Por José An. Montero

Tras la finalización el pasado sábado del ciclo ‘Música en la Catedral’, la Seo conquense ha iniciado su ciclo de cuatro conciertos bajo el título ‘Música en la Catedral. Otoño’  con el Oficio de Difuntos de Tomás Luis de Victoria, interpretado por La Grande Chapelle bajo la dirección de Albert Recasens.

Mientras en el exterior la torre de Mangana lucía de rojo y la ciudad de Cuenca se disfrazaba masivamente para celebrar Halloween, la Catedral de Cuenca programó uno de esos conciertos exquisitos que permite retrotraerse en el tiempo hasta hace cuatro siglos, no sólo a través de la música sino en cada uno de los detalles del programa. 

Con la celebración de las honras fúnebres en el Siglo de Oro como eje principal de la velada, el ‘Officium defunctorum’, de Tomás Luis de Victoria (1603) es la obra cumbre de su tiempo y la esencia destilada del denominado misticismo musical español, presentada en un programa organizado en torno a los actos litúrgicos de las honras fúnebres: los maitines propios de la vigilia (Ad Matutinum) y la misa de requiem (Missa Pro Defunctis) que concluía con el rito de absolución (Absolutio). Estructura que recuperó La Grande Chapelle en una grabación de 2020, evocando los actos fúnebres celebrados en Madrid en honor de la emperatriz María de Austria, hermana de Felipe II y viuda del emperador Maximiliano II, protectora del compositor. 

La Grande Chapelle en la Campilla del Espíritu Santo de la Catedral de Cuenca

Esta grabación convirtió a La Grande Chapelle, bajo la dirección de Albert Recasens, es la formación de referencia del ‘Officium defunctorum’ de Tomas Luis de Victoria, que en el programa presentado en el Catedral en versión de concierto, no litúrgica, lo completó con responsorios y lecturas de compositores coetáneos a Victoria como Morales, Lobo, Rogier o Cardoso. Una formación coral habitual en la SMR y recordada por su actuación en 2013 en este mismo templo, una mañana de Viernes Santo con monográfico dedicado al compositor toledano Alonso Juárez, o también por la recuperación del auto sacramental ‘La Paz Universal ó El Lirio y la Azucena de Calderón de la Barca / Peyró’, en la Semana de 2008, como recoge el libro ‘La Semana de Música Religiosa de Cuenca’ de Marco Antonio de la Ossa.

La Grande Chapelle, que toma su nombre de la célebre capilla musical de la Casa de Borgoña, y, posteriormente, de Habsburgo, bajo la dirección de Albert Recasens, estuvo formada por las sopranos Axelle Bernage y Lorena García, el contratenor David Sagastume, el bajo Javier Cuevas y los tenores Frederico Projecto y Andrés Montilla, con Antoni Llofriu en el bajón, antiguo instrumento musical parecido al fagot, construido de una sola pieza de madera y habitual en la música religiosa del Renacimiento.

La solemnidad de la Capilla del Espíritu Santo, que finalizó su construcción en 1575, apenas treinta años antes de la composición del Oficio de Difuntos de Tomás Luis de Victoria, con las imponentes urnas sepulcrales en jade y mármol de los Marqueses de Cañete, virreyes y gobernadores de las tierras del Perú, poniendo el marco físico-temporal ideal para el concierto ofrecido por La Grande Chapelle, vestidos de negro regio. “Domine Iesu Christe, Rex gloriae, libera animas omnium fidelium defunctorum de poenis inferni, et de profundo lacu: libera eas de ore leonis, ne absorbeat eas tartarus, ne cadant in obscurum” (Señor Jesucristo, Rey de gloria, libera las almas de todos los fieles difuntos de las penas del infierno y del abismo profundo: líbralas de la boca del león, para que no se las trague el abismo y no caigan en la oscuridad). Recitan en el Offertorium tras las puertas de la Capilla del Espíritu Santo cuyas aldabas se ornamentan precisamente con cabezas de leones.

Recasens felicitando a Antoni Llofriu al finalizar el concierto

Con el Responsorium, ‘Líbrame, Señor, de la muerte eterna en aquel día tremendo: cuando sean removidos los cielos y la tierra mientras tú vienes a juzgar al mundo con el fuego.’ finalizaba este Oficio de Difuntos bajo el retablo mayor de la Capilla con obras del pintor genovés Bartolomé Matarana y presidido por la obra de Fray Juan Rizi, ‘El Martirio de San Serapio’ (1622), santo martirizado en 1240, que fue atado a una cruz en forma de aspa y arrancándole los intestinos, momento que refleja la pintura de Rizi. Cómo no evocar en este momento todas las muertes violentas de inocentes a lo largo y ancho de un mundo convulso. 

Albert Recasens al finalizar el concierto

Sin lugar a duda, uno de los grandes conciertos de los últimos tiempos, tanto por el programa y los excelsos intérpretes, como por el espacio elegido, la fecha y el contexto. Finalizó el director y musicólogo tarraconense tomando la palabra para recordar el vínculo que les une con el templo conquense, explicando que se sentían como en casa porque aquí han actuado en numerosas ocasiones y han grabado diversos discos. Como dijo el propio Recasens, esta es una obra que “difícilmente acepta un bis, pero como todos tenemos esperanza en lo que tenga que venir, les ofrecemos ‘Surrexit Pastor’, también de Tomás Luis de Victoria”. 

Al finalizar el concierto. Javier Cuevas y Alberto Recasens pasando frente a las tumbas de los Marqueses de Cañete

Al finalizar el concierto y regresar a la Plaza Mayor, en mitad de la fría noche conquense, las alumnas y alumnos de la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla La Mancha (ESAD-CLM) rememoraban el célebre ‘Thriller’ de Michael Jackson. Halloween continuaba allí…

Texto y fotos: José An. Montero

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