Los traumas de Fontcuberta, son los traumas de los tiempos

Por José An. Montero

Echando la vista hacia atrás al año que termina, hago memoria de esos momentos de impacto, de shock, de ensimismamiento y de mirada interior que sólo el arte puede proporcionar. Ha sido una buena cosecha de exposiciones, pero si hay una que se haya quedado grabada en la memoria a fuego es la que dedicó La Mar de Arte en Cartagena al fotógrafo Joan Fontcuberta bajo el título ‘Trauma’. Una exposición que se ubicó en una pequeña sala llamada Domus del Pórtico, escondida tras Teatro Romano, alejada de los mármoles del Palacio Consistorial y también de las miradas de paso ligero. 

Allí una treintena de imágenes, “hurgadas” de colecciones fotográficas anónimas a las que el artista ha sometido a un estado de trauma. Un trauma que según Fontcuberta, “nos aboca a la elegía por lo que queda de la materialidad de la fotografía química, una oda a sus restos y excrecencias”. 

Sólo queda reproducir las palabras impresas en el muro que daba la bienvenida: 

«Ser visto es la ambición de los fantasmas. Ser recordado, la de la muerte.» Aforismo anónimo.

Cabe preguntarse qué pasa cuando una fotografía abandona su imagen, cuando libra su alma. ¿Qué pasa cuando una fotografía ya no señala hacia una realidad fuera de sí misma y sólo queda el sustrato, el residuo, apenas unas manchas de sustancias químicas sensibles a la luz?

¿Qué pasa, en fin, cuando el único referente que le queda a la fotografía es la fotografía misma? Cuando el alma abandona el cuerpo, cuando la información se desprende del soporte, la fotografía se convierte en fantasma.

Las imágenes-fantasma evocan un doble trauma. Por un lado, el legado de la fotografía ya es el testimonio de los estados traumáticos que ha experimentado el género humano: muertes, sufrimiento, violencia, conflictos… Pero además la fotografía, como ente vivo y resiliente, sufre también su propio trauma, la degradación y las heridas producidas por el paso del tiempo. Estas obras, en fin, interpelan la paradoja de unas fotografías en el instante en que, despojadas de memoria y condenadas a la amnesia, revelan su belleza más terrible.

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