
En un colegio público de Cuenca, un micrófono abierto se ha convertido en algo más que una herramienta educativa: es un lugar donde la infancia aprende a pensar, escuchar y formar parte de lo común.
En el CEIP San Fernando de Cuenca, la educación también sucede en el aire. No está en los libros de texto ni en los exámenes, pero forma parte de algo esencial: una radio escolar donde las voces de los niños y niñas toman cuerpo, se equivocan, se afinan y, poco a poco, encuentran su lugar.
En un territorio como Castilla-La Mancha, donde lo rural a menudo se enfrenta al reto de retener oportunidades, este proyecto demuestra que la innovación educativa no siempre depende de grandes infraestructuras, sino de pequeñas ideas sostenidas en el tiempo y es que en este centro, un micrófono puede ser una puerta.

La emisora nació en 2021 casi sin pretensiones, como una propuesta improvisada dentro del centro. Hoy, sin perder ese espíritu artesanal, se ha consolidado como una referencia educativa en la región. Pero más allá de los reconocimientos, lo que la define es su capacidad para generar comunidad dentro del aula entre toda la comunidad educativa.
Detrás del proyecto está Ángel María Rodríguez, profesor de inglés, aunque su relación con la radio viene de mucho antes que la docencia. Su trayectoria vital marcada por viajes, experiencias y una vinculación temprana con la comunicación, ha encontrado en la escuela pública un nuevo sentido: transformar esa pasión en una herramienta pedagógica.
Lejos de plantearse como una actividad puntual, la radio se ha integrado en el día a día del aprendizaje. En las aulas de primaria, cada programa es un proceso colectivo: se escriben guiones, se piensan preguntas, se ensaya la lectura.

Nada es inmediato. Todo se acompaña.
“Repite, dale más entonación, fíjate en los signos de puntuación”. La escena se repite antes de cada grabación. Y en esa repetición hay algo más que técnica radiofónica, hay confianza que se construye a través de esta herramienta.
Si algo define este espacio es su capacidad para transformar, y es que el alumnado participa de forma rotativa, asegurando que todas las voces pasen por el estudio. Y es ahí donde ocurre algo difícil de medir, pero evidente para quien lo presencia: niños y niñas que en el aula se muestran inseguros encuentran en la radio una forma de expresarse.
La emisora también ha servido para conectar el colegio con su entorno. Programas como La tirita del patio, impulsado por la enfermera del centro, abordan la salud infantil desde un enfoque divulgativo, con la participación de especialistas como pediatras o psicólogos. Además, los contenidos se comparten en plataformas digitales, ampliando su alcance.
En ese sentido, el proyecto no solo mejora la lectura o la expresión oral. Funciona también como una herramienta de inclusión, donde cada cual encuentra su ritmo y su manera de estar. Hablar, escuchar, esperar el turno, trabajar en grupo. En definitiva, aprender a convivir desde el aula.

Como en tantas iniciativas que nacen en la escuela pública, el camino empezó con pocos recursos; algunos micrófonos, una mesa de mezclas básica y muchas ganas. Con el tiempo, esa precariedad inicial se ha convertido en identidad y se ha ido regenerando gracias a galardones en diferentes concursos que son un reflejo del trabajo en equipo dentro y fuera del aula.
En un momento en el que el debate educativo a menudo se centra en cifras, rankings o reformas, proyectos como este abren otras preguntas: ¿qué significa realmente educar?, ¿qué espacios estamos generando para que la infancia participe?, ¿qué lugar tiene la palabra en el aula? La radio del CEIP San Fernando no busca responderlas todas. Pero sí plantea algo fundamental: que la educación también puede ser un lugar donde se aprende a mirar el mundo con otros ojos y donde, por primera vez, muchas voces dejan de ser solo oyentes para convertirse en protagonistas.
Textos y fotos de Aurora Herrero para La Circular