Małgorzata Mirga-Tas, la fuerza de las gitanas

Por José An. Montero

La artista y activista polaco-romaní expone  por primera vez en España en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo una impactante serie de murales textiles en los que recrea la vida de las mujeres romaníes.

E rromnianqeri zor.  La fuerza de las gitanas, en romanó. El mero hecho de traspasar el opaco cortinaje bajo el arco de Ambrosio de Figueroa que da acceso a la iglesia del monasterio de Santa María de las Cueva es casi un acto iniciático que te transporta a un lugar cargado de energía simbólica. Tras el cortinaje, ya en el interior del monasterio, con todo lo que significa, dos grandes rejas separan la capilla de Santa Ana, donde estuvo la tumba de Colón, y la iglesia de una única nave convertida en imponente sala de exposiciones. 

Tras los barrotes metálicos de la capilla tres biombos hacen las veces de introducción a la exposición ‘Remembranza y Resignificación’ de Małgorzata Mirga-Tas, dedicados a Mi bisabuela (2020), Tía Ibrona (2019) y  Mi abuela Józka (2020). Retrato de tres mujeres romaníes que trascienden el propio concepto del retrato tradicional, hasta convertirse en un retablo de vida, de diario, de cotidianeidad. Iconos donde conservar la memoria que convierte a cada una de las partes del biombo en un marco o una puerta para encontrarse con la perspectiva romaní de ver el mundo. Combinando patchwork, collage, assemblage y otras técnicas, reconstruye el retrato de vida desde lo fragmentario de pequeños trozos de tela “vividos” y recuperados para formar parte de estas obras. 

El trabajo artístico de Małgorzata Mirga-Tas demuestra el aspecto más maravilloso del arte. Cuando crees que todo está dicho, que todo está contado, que estamos en un bucle en el que no hay nada nuevo, siempre hay una mirada, una perspectiva, una forma de narrar que desconocías y que te impacta hasta las entrañas. Como reza en el programa de mano “la ausencia de autorretratos gitanos en la cultura visual europea; por otro, la difusión de representaciones nocivas y estereotipadas de los romaníes, basadas en puntos de vista coloniales, etnográficos y, a menudo, racistas”.

Małgorzata Mirga-Tas habla de la mujer romaní siendo mujer romaní, mostrando una perspectiva propia de ver y sentir el mundo narrado desde la capilla donde estuvo enterrado Cristóbal Colón, con toda la carga simbólica que ello conlleva. Y estos tres biombos eran tan sólo un interludio más entre las tres grandes piezas que dan forma a esta exposición. 

La primera pieza magna recorre en tres grandes frisos la totalidad de las paredes de la Iglesia del antiguo monasterio. Una monumental instalación creada originariamente para el pabellón de Polonia de la Bienal de Venecia de 2022 bajo el título genérico de ‘Re-encantando el mundo’ (2022). “Puntadas subversivas”, capaces de tejer tres relatos visuales paralelos, el superior donde se narra el mito del viaje y la llegada de las primeras comunidades romaníes a Europa a través de una reinterpretación de estampas del XVII de Jacques Callot, que sirven a Mirga-Tas para reapropiarse de la narración de la historia romaní. 

Una banda central que invoca una genealogía propia de inspiraciones femeninas, una especie de “HERstoria” romaní mostradas alegóricamente junto con imágenes astrológicas, zodiacales o de cartas del tarot, convirtiéndolas en “diosas y profetisas guardianas del destino”. Y una banda inferior, pegada a la tierra, que sirve para representar la vida cotidiana de su ciudad natal situada al sur de Polonia, casi fronteriza con Eslovaquia. Escenas donde las mujeres tejen colectivamente construyendo una narración propia que cobra vida a través de los tejidos diversos que conforman estos grandes murales textiles. 

Tras otro interludio en forma de maravillosos pequeños iconos portátiles que da acceso a la sacristía donde las tres grandes molduras diseñadas por Pedro Roldán que antaño alojaron tres cuadros de Zurbarán dedicados al silencio, la mortificación y la protección se ubican tres retratos de encajes, brillos y flecos de Herminia Borja, Juana Vargas de las Heras “la Macarrona” y Manuela Carrasco Jiménez junto con su hija Cati. Tres retratos realizados para esta exposición mediante la colaboración con habitantes, activistas e instituciones del Polígono Sur sevillano. “Los barrios gitanos, entendidos como barrios fronteras entre mundos, son también espacios amables”, como escribe Miguel Ängel Vargas en el magnífico ensayo que acompaña esta exposición titulado ‘Malgorzata Mirga-Tas: retablo de la contemporaneidad romaní’, que puede descargarse gratuitamente en la web del museo. 

Alrededor del claustrillo, en el Refectorio y en la Capilla de la Magdalena, se encuentran otras dos instalaciones de la artista romaní. En la silenciosa Capilla de la Magdalena se encuentra la impactante escultura de parafina modelada que reconstruye una escultura que formó parte del memorial a la treintena de romaníes asesinados por los nazis en Borzęcin Dolny, que fue vandalizado en 2016 y en el refectorio la instalación ‘Un lugar en el bosque’ que formaba parte del museo al aire libre Sądecki Ethnographic Park en Nowy Sącz donde se pretendieron recuperar construcciones tradicionales de los diferentes grupos étnicos de la región, dejando los edificios de la comunidad romaní ubicados en el bosque y apartados del centro. Dos piezas de una fuerza simbólica y una belleza que no dejan indiferente.

Como dice el propio Miguel Ängel Vargas en el ensayo citado, “Observemos y pensemos, desde la Isla de la Cartuja, como una exposición de una artista como Małgorzata, con un imaginario que hunde sus raíces en la tradición pictórica europea, pero que a la vez también ofrece nuevas lecturas sobre la misma, nos puede también ayudar a abrir debates difíciles”, pues es cierto que “vivimos en una sociedad de imágenes, no es menos que esas imágenes son pocas, pero se repiten mucho”.

Texto de José An. Montero con fotos de María Ramos para La Circular

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