Gregory Porter y Alba Molina, la princesa del guisante

Por José An. Montero

Puedo escribir las palabras más bellas esta noche. Escribir, por ejemplo: «La noche está con nubes bajas, y giran, rojos, los faros, a lo lejos.»

El alma de La Mar gira en el Parque Torres y canta allá abajo Gregory Porter.

Podría escribir sobre esa increíble voz o sobre el espíritu de Nat King Cole flotando en el ambiente. Quizás podría escribir sobre esa maravillosa versión del bolero. Quizás. Pero a lo lejos alguien canta. A lo lejos y a lo bajito dentro del oído. Alguien canta y llora allá abajo. Y cuando Porter calla, sigo escuchando allá abajo los susurros de la madre Lola y la hija Alba que siguen cantando en el camerino a media voz lo que no dio tiempo a cantar sobre el escenario.

Podría escribir que Gregory Porter cantaba como nadie. Pero allí, a lo lejos, las luces se vuelven a encender sin importar que ya no queden espectadores para presenciar cómo debajo del escenario Alba Molina descubrió el guisante escondido como una perla dentro de una canción.

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