FĀCYL y las flechas amarillas

Por La (Mínima) Circular

Este fin de semana arranca en Salamanca una nueva edición del FĀCYL. Un cartel con algunas propuestas apetecibles como la coplera eléctrica Rosalinda Galán o el pop sensible de Gara Durán en el Patio Chico, el “Homo Curiositatis” de Arawake, la “Diáspora” de Kike Arias y el despliegue habitual de videomapping por los espacios de la ciudad.

Este año no volveré a encontrar la sorpresa del Palacio de San Boal siguiendo las flechas amarillas del festival. Y bueno, aprovecho para echar una mirada a la edición del año pasado que marcó el color del verano, de negro alemán a rojo japonés.

La memoria arranca con el concierto de Tonina Saputo, que pasó de tonalidades jazzísticas que viajaban del Mediterráneo al centro de África sin avisar. Desde unos compases de “La hija de Juan Simón” hasta “Smells Like Teen Spirit”, pasando por “Quizás, quizás, quizás” y “Calypso Blues”, todo encajaba. Para cantar como canta Tonina hay que llevar muchas voces dentro. Y en Salamanca también se quedó en la playlist de favoritos el “Toitico bien empacao” de Katie James.

En el corazón de África, los ancestros sabían que para que la vida despertara hacía falta un quinto elemento: el ritmo. Gorsy Edú, originario de Ebebiyín, en la frontera entre Guinea Ecuatorial y Camerún, lleva esa certeza a los escenarios. Conocido en España por obras como “El percusionista” y por su participación en películas como “Querida Bamako” y “La causa de Kripán”, su trabajo ha recorrido África, Europa y América Latina. La memoria y el ritmo como hilos trenzados. Otra de las imágenes que no se van.

También quedará ese viaje en tren, con aquella maleta en objetos perdidos que daba comienzo a un viaje en el tiempo acompañado por violonchelo y danzas aéreas.

Pero si algo marcó personalmente esa edición del FĀCYL fue la exposición de Juanma Carrillo en la Hospedería de Fonseca. La primera exposición en la que la IA se convierte en paisaje onírico que confunde al cerebro. Dos bomberos besándose bajo los escombros del 11-S, soldados queer en paisajes contaminados, amores posibles que nunca ocurrieron.

Más de cien piezas reunidas por primera vez para esta exposición póstuma que condensaba dos décadas de creación visual. Desde videoclips memorables para La Casa Azul, La Bien Querida o Soleá Morente hasta estas películas de un solo fotograma creadas por IA y que he ido masticando a lo largo de los meses, sin acabar de digerir del todo.

De regreso, el azar puso un tren que paró en todos los pueblos entre Salamanca y Valladolid. Busqué al revisor. Me dijeron que eso era cosa de otro tipo de trenes. Salamanca ya quedó atrás, y con ella esos maravillosos regalos culturales que nos hace siempre Rodrigo Tamariz.

Esta nota forma La (Mínima) de Circular en Substack la libreta abierta de La Circular donde se reúnen fragmentos culturales, imágenes, anotaciones, reflexiones y apuntes.

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