Vidartis, mosto sobre papel

Por José An. Montero

Este proyecto de creación artística a partir de pigmento de uva concentrada creado por Ana Soler Sánchiz con el apoyo de las bodegas Julián Soler en Quintanar del Rey y el equipo de investigación de liderado por Ramón Freire Santacruz, artista y profesor de grabado la Facultad de Bellas Artes de Cuenca.

Ramón Freire en Fenavin 2022

En cada lugar del planeta, la tierra y su uva tienen colores, olores y sabores propios, creando matices que conectan con quiénes somos a través de cada uno de nuestros sentidos. La uva es tierra propia, con sus olores y sus colores, dejando recuerdos imborrables, capaces de ser volcados en un papel, un lienzo o una partitura.

Inspirado en la Naturaleza cercana, en el color de la tierra, en la uva garnacha tintorera, en los sarmientos o en el cambio de color de las hojas de los viñedos con el paso de las estaciones nació un día en la mente de Ana Soler Sanchiz el proyecto de buscar las manos creativas que dieran forma a esta idea. Buscó un nombre, Vidartis by Julián Soler, y diseñó un pequeño lote de productos como hojas de la viña, tierra de cultivo, sarmientos y estratos de uva tinta, blanca y garnacha tintorera propia de la zona de Quintanar del Rey (Cuenca) e invitó a diferentes artistas a probar la experiencia de trabajar con productos 100% naturales. 

Uno de estos artistas fue Ramón Freire, profesor de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca y del Master de la Real Casa de la Moneda, “el olor, las texturas o los sonidos cuando estás dibujando se asocian al recuerdo. Trabajar con productos naturales potencia estas sensaciones, porque al no tener la homogeneidad de los productos industriales, forman parte de un proceso de creación irrepetible. El pigmento de la uva garnacha tintorera es un color vino tinto muy puro, un carmesí elevado con mucha fuerza, recuerda al poso del vino cuando has terminado una botella”. Con la dificultad propia de recrear estas sensaciones en palabras, Ramón Freire describe el pigmento natural de Vidartis como “una tinta china que se diluye en agua y que se aclara cuando se añade agua, manteniendo todo su cuerpo y su fuerza si se trabaja más pura”. 

Ana Solis vestida con un traje tintado con mosto

Sumamos a la conversación frente a los dibujos de Ramón a la propia Ana Soler, empresaria y creadora del proyecto, “Vidartis nace como proyecto de responsabilidad social con nuestra región de las bodegas Julián Soler, en él hemos querido aunar dos conceptos aparentemente antagónicos como el arte y la agricultura”. Más allá de las grandes palabras, Ana cuenta que durante el confinamiento se le ocurrió la idea de utilizar el mosto como pigmento para hacer una tarjeta de Navidad con la que felicitar a sus clientes. A partir de ahí, la idea fue creciendo y creciendo, sumándose numerosos artistas, colegios que han realizado talleres con su mosto concentrado e incluso un proyecto de investigación con la Universidad de Castilla-La Mancha liderado por el propio Ramón Freire en el que participan catorce estudiantes de Bellas Artes y al que se ha sumado también la Fundación Globalcaja que ha tenido en cuenta la importancia de conectar a los estudiantes universitarios con los productos de su tierra. 

En la actualidad, unas decenas de obras forman parte de esta primera serie de la colección Vidartis que fueron expuestas por primera vez en la Galería del Vino de Globalcaja en Fenavin que se celebró en Ciudad Real entre el 10 y el 12 de mayo. Además, en esta Feria Nacional del Vino también se pudieron ver durante la jornada de inauguración al propio Ramón Freire Santacruz realizando con mosto tinto un mural en directo en el stand de Julián Soler. “Realicé una intervención en ese espacio en blanco pues con una pieza que tiene que ver con la tradición familiar en el cuidado del entorno, con el mundo del cultivo de la uva y la producción de mosto. Intenté transmitir el cariño y el mimo con el que se está trabajando en este proyecto y para ello utilicé diferentes alteraciones al pigmento que cambiaron su colorimetría y su aspecto tonal aplicándolo también de diferentes maneras como rotuladores recargables, rodillos, lápices o pantallas de serigrafía. Quise mostrar en directo algunas de las aplicaciones que hemos probado durante el proceso de investigación en la Facultad.”

Ramón Freire en su taller de grabado

Conseguir que los pigmentos utilizados en el grabado, y por extensión en las artes plásticas, no sean tóxicos es una línea de investigación en la que el profesor Freire trabaja desde hace tiempo y que inició en la Universidad de Jyväskylä (Finlandia). “Investigo en el desarrollo de productos menos tóxicos en el grabado, minimizando los riesgos para la salud y la contaminación del medio ambiente, siguiendo la línea abierta por mi maestro Juan Carlos Ramos Guadix, busco la excelencia artística en los pigmentos, pero también que sean inocuos para la salud, por eso me interesó bastante la propuesta de investigar con este material elaborado con uva, agua y sol con mimo casi artesano. Ojalá pronto pudiera estar envasado y comercializado, porque puede aporta un valor añadido en el ámbito de los pigmentos naturales.”

La propuesta artística de Ana Soler no se ha quedado únicamente sobre el papel o el lienzo, sino que ha experimentado con el mosto concentrado que llevan elaborando desde 1968, para teñir telas con las que elaborar algunos modelos cien por cien naturales, recuperando en cierto modo la filosofía del handmade con la que comenzó a exportarse el mosto de Julián Soler en Inglaterra en latas de un kilo acompañadas de un sobrecito de levadura para que la gente pudiera hacer su propio vino en su casa, anticipando la corriente actual de elaborar la propia cerveza o pan en casa de manera artesanal. 

“Cuando conocí este proyecto”, cuenta Ramón Freire, “descubrí que iba acompañado de una tradición familiar, pude conocerlos, estar en la bodega donde elaboran el mosto, meterme en la historia y en la esencia de este pigmento, lo que hace que cuando estoy trabajando con este pigmento recupere un montón de sensaciones, también personales. Que hayan invertido tanto tiempo y recursos en un producto sin que pueda tener una rentabilidad económica directa creo que es una muestra de amor a una tierra y a un producto como el mosto que forma parte de nuestra cultura ancestral.”

“Una de las cosas más bonitas que me ha pasado trabajando en este proyecto”, dice Ana Soler, “es aquel día en el que un agricultor que lleva su uva a nuestra bodega se emocionó al ver cómo ésta se había convertido en una obra de arte. Creo que esos momentos no tienen precio en la vida.”

Este artículo de José An. Montero también se publicó en Ottica Contemporanea (Italia) y Gazeta (Guatemala)

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