PODCAST | Marc Badal y Anne Ibáñez: “Landarte es fundamentalmente un proceso de aprendizaje colectivo” 

Por José An. Montero

Marc Badal y Anne Ibáñez, como colectivo Kanpoko Bulegoa, forman parte del equipo de coordinación de Landarte, una programa de arte público sensible a los problemas, necesidades e intereses de la población rural navarra. 

Como dijo en su día el propio Marc Badal, el campo se redescubre constantemente desde hace dos mil años. “Lo actual es la enésima reinvención del canon bucólico que arranca con Teócrito, sigue con Virgilio, los grandes momentos del Renacimiento, la novela pastoril, el romanticismo, y así hasta completar una lista interminable”. Por un lado, las diversas voces y plataformas que llegan desde la de España Vaciada, y por otro, el COVID-19, son los penúltimos capítulos de esta reinvención que ha venido acompañada de múltiples iniciativas culturales con nexo en lo rural, muchas de ellas fugaces, pero otras que han echado raíces y que están explorando las posibilidades y las limitaciones a las que se enfrenta cualquier proyecto cultural entendido como una herramienta de transformación en el territorio. 

Marc Badal y Anne Ibáñez forman parte desde hace cuatro ediciones del equipo coordinador y asumen las tareas de mediación de Landarte, el programa de creación cultural contemporánea en el ámbito rural del Gobierno de Navarra que se ha convertido en referencia fundamental poniendo el acento en los procesos creativos y en la participación de las comunidades rurales. Crearon el colectivo Kanpoko Bulegoa en 2016 para que les sirviera de plataforma desde la que realizar proyectos de reflexión colectiva desde la creación y  la mediación cultural, pero “después de los primeros años realizando proyectos propios, nos llegó la invitación de trabajar en Landarte. Así, lo que surgió como un espacio de exploración se ha convertido en un trabajo, que prácticamente requiere una dedicación durante todo el año”.

“Landarte es, sobre todo, un proceso constante de aprendizaje intensivo y extensivo, porque exige una inmersión en la cotidianeidad de los pueblos en los que trabajamos”, explica Marc. Landarte les ha situado en una posición inédita como acompañantes de los procesos artísticos en los que no son los protagonistas como colectivo en las pequeñas localidades navarras. “En este tipo de procesos manejar la distancia es clave. Nuestra principal tarea, en tanto equipo de mediación es, precisamente, cuidar y acompañar las dinámicas que se generan entre las comunidades, los creadores y la administración”, subraya Anne Ibáñez.

Imagen cedida por Kanpoko Bulegoa

Aunque Navarra no suele incluirse en una mirada rápida a la España vaciada, su pluralidad hace que demográficamente sea algo muy matizable, “En términos geográficos hay procesos análogos, pero hay que poner cada localidad en su contexto. Landarte va a pueblos pequeños, algo que incluye  a toda Navarra. Este año estamos en Gabarderal, que es un pueblo de colonización, o en Urraúl Alto, un valle del pre-Pirineo en el que una quincena de localidades comparten ayuntamiento, con sesenta habitantes fijos entre todas, lo que supone un nivel de despoblación comparable a cualquier zona de la España vaciada, aunque bien es cierto que está a media hora larga de Pamplona”, explica Marc Badal.

Landarte trata de alejarse del evento de promoción turística y focalizarse en la población residente para convertirse en una especie de herramienta de dinamización colectiva alejada del formato festival. “Este tipo de prácticas escapan a las formas tradicionales de exposición, de alguna manera lo visual resulta insuficiente, dependen del relato de los participantes. Esta es una de las tensiones que debemos tener en cuenta a la hora de enfocar la documentación”, explica Anne Ibañez. “El grado y las formas que adopta la participación varían de una sede a otra. Depende totalmente de quién nos encontramos, del tejido asociativo y del momento en que se encuentre cada una de las localidades”.

Marc Badal explica que más allá de Landarte, “la cuestión de para quién programamos o para quién “ocurre” la producción cultural es central. Nos guste más o menos, el turismo es clave en determinados territorios como el Pirineo. Los vínculos entre oferta cultural y promoción turística son evidentes, pero sería deseable que no se perdieran todas aquellas iniciativas culturales que contribuyen a fortalecer la trama comunitaria y a agudizar el sentido crítico”. Según Anne, “hay una tensión clara que se asociaría a este intento por disputar la hegemonía de lo urbano en el discurso cultural. En esa voluntad de los territorios de ubicarse en el mapa, de atraer, volvemos a la posición subalterna al intentar captar la mirada de lo urbano. La cuestión de para quién programas está atravesadas por esas tensiones”.

Su trabajo en Landarte y en otros espacios les ha hecho aparcar durante un tiempo sus propios proyectos. “Como colectivo Kanpoko Bulegoa hemos hecho varios proyectos de larga duración y sentimos la necesidad de volver a activarnos como colectivo”, aunque les cuesta decir si sus proyectos son producción, dinamización o mediación, “lo cierto es que nos da un poco igual, el tipo de trabajo que hemos realizado en nuestros proyectos se ha situado en nuestro valle del Pirineo, con gentes que llevamos años encontrándonos en espacios de trabajo colectivo. Estos procesos de creación se convierten en herramientas, como mínimo de activación neuronal, que generan espacios donde lo que ocurre se sale de lo habitual. En las actividades que desarrollamos no suele haber público, sino que planteamos situaciones propicias para pensar colectivamente; hemos hablado de turismo rural en la zona de Irati o en el valle de Baztan, sobre la quema de los pastos de montaña en invierno, sobre las heridas que dejó el conflicto en torno a la construcción del pantano de Itoitz, etc.”.

Meses antes de que en verano comiencen los procesos de creación, Marc y Anne, junto con el resto del equipo de Landarte formado por Lorenzo García Echegoyen, Estefanía Munarriz, Mikel Ozkoidi y Celia Martín Larumbe de la Dirección General de Cultura del Gobierno de Navarra, comienzan su trabajo en el territorio y con los creadores y creadoras que van a participar. Una fase previa, en la que se tratan de despejar incertidumbres e inquietudes, ajustar expectativas, tratando de poner el foco en los procesos.

Las condiciones son muy abiertas, “y eso implica un grado de incertidumbre muy grande para las comunidades, para los creadores y creadoras y para nosotros mismos. ”, explica Anne. “Insistimos en la importancia del proceso, en que lo que nos interesa es lo que ocurre a lo largo de todos estos meses. Los procesos son para nosotros como organismos vivos, y eso implica que sean capaces de ensayar formas  para adaptarse a algo que es cambiante, que sean reactivos, abiertos a ensayar diferentes vías, todo lo que implica lo vivo.” 

A veces, la propia comunidad demanda resultados palpables y, por qué no, la creación de objetos concretos. También suele ocurrir que los creadores  “se sienten en deuda con la comunidad que los ha acogido y encuentran en la producción de ciertos resultados una forma de devolver parte de lo recibido”, dice Anne. 

Anne y Marc insisten en que el aspecto central en Landarte son los procesos. “Todos los agentes que intervienen en los procesos parten de cero. No se trata de un encargo que la comunidad le hace a un creador o creadora invitada, ni tampoco de que la comunidad local se ponga al servicio de la obra del artista. El reto es pensar y decidir conjuntamente a lo largo de todas las fases, desde la concepción al desarrollo y la valoración de los proyectos”. Quizá ahí radica la esencia propia de Landarte.

El artículo de José An. Montero que acompaña a este podcast se publicó antes en Diario 16

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