Merche Caballud, la bibliotecaria del pueblo más pequeño con biblioteca

Hace ya más de quince años que Merce Caballud Albiac se jubiló como profe de Lengua y Literatura, desde entonces ejerce de activista cultural realizando acciones voluntarias de extensión cultural y fraternidad en el entorno de Borrastre (Huesca). Una de estas acciones ha sido fundar la biblioteca de este pueblo oscense que con apenas veinte habitantes se ha convertido en el pueblo más pequeño de España con biblioteca abierta. 

La segunda edición del Bibliocatessen celebrado hace unos días en Tragacete (Cuenca) sirvió para compartir experiencias con algunas de las iniciativas relacionadas con las bibliotecas más interesantes que se están llevando a cabo por toda España. Este encuentro, organizado por el narrador Félix Albo y patrocinado por la Fundación Los Maestros, regaló a los asistentes muchos momentos inolvidables. Uno de ellos fue sin duda la intervención que sirvió para cerrar la sesión “bibliotecaria” de la mañana a cargo de Merche Carballud Albiac bajo el título “Con alegría, café y té”. 

Tras su jubilación, Merche, hoy “septuagenaria avanzada”, según sus palabras, se trasladó a Borrastre junto con su marido, “antes tuve una vida, no muy turbia, pero sí muy bibliotecaria también, porque soy exprofe de lengua y literatura”. Una vocación, la de compartir historia y versos que le llegó muy joven, cuando en el bachiller “una monja me dio un libro, y ví que al final había tantos versos y tantas cosas maravillosas que no eran de estudiar que me dije, a esto me quiero dedicar yo de mayor. Desde entonces mi vida ha sido estupenda. Caí en manos del señor Alloza, bibliotecario, que ha sido la persona que más ha influido en mi formación literaria y personal”. 

Según Merche, “un bibliotecario puede transformar un pueblo”, aunque el señor Alloza no lo hizo, porque apenas iba nadie a la biblioteca, “pero sí nos transformó a los cuatro o cinco que íbamos”. Con esa socarronería aragonesa tan propia, Merche Calatayud asegura que “soy hija de la biblioteca y del bar, esos son los dos aspectos más importantes de mi vida. En estos momentos estoy corrompiendo a las abuelas de esta zona, que ya no sé si quieren ir más al bar o a la biblioteca, pero bueno”. 

Tras su jubilación y la de su marido, profesor de matemáticas en la Universitat de Lleida se trasladaron a Borrastre, donde el ayuntamiento quería restaurar un pequeño edificio que había sido una herrería. Merche les propuso convertirlo en biblioteca y “como éramos los primeros vecinos en llegar en mucho tiempo, pues nos dijeron que sí. Comencé a contactar con amigas maestras para que me enviaran libros, así me hice con los peores libros de España. Le pedí alguna estantería a Manolito (Manuel Larrosa), alcalde de Fiscal, (municipio del que es pedanía Borrastre) y Manolito siempre nos ayuda con nuestra biblioteca”. 

La historia de Merche viene de lejos, cuando estando aún en activo creó el proyecto ‘Leer Juntos’, un proyecto que se extendió por muchos lugares y que en 2005 obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura del Ministerio de Cultura. Leer Juntos es un proyecto que une biblioteca, familia y escuela y que aún sigue vivo en muchos grupos activos y también como programa educativo del Gobierno de Aragón. “El premio nos dio mucha relevancia, pero era honorífico, vimos a capitostes y nos regalaron libros nuevos que tenía por el ministerio, pero a lo mejor cuatro o cinco del mismo”, cuenta Merche. “Fue un proyecto que nos dio muchas satisfacciones”. 

En la pequeña biblioteca de Borrastre tiene como lema la frase de Emilio Lledó, “Cuando dejamos de aprender, hemos perdido la partida, bueno en realidad era la batalla, pero yo he puesto la partida porque me parece menos violento”. Esta pequeña biblioteca se ha convertido también en el lugar de encuentro de las diez mujeres de Borrastre y también de las de Fiscal, “sólo vienen las mujeres, porque los hombres se nos han muerto, todo hay que decirlo. No sé qué tiene este pueblo”. 

Merche no entiende la lectura sin tomarse un té o un bomboncito. “En nuestra biblioteca había una ventanilla ciega, de esas de poner el aceite o cosas así, que hemos convertido en el armario del café, el té y los bombones”, y en sus reuniones del club de lectura tampoco faltan “pastas de esas buenas que hacen en casa y que después repartimos las que sobran”. 

“Ahora estamos en plena remodelación”, explica Merche, “la de tirar libros, porque pedía libros, tantos amigos malos que tengo, me dieron muchos libros que no servían. Hemos hecho muchos expurgos. Enciclopedias hemos tirado a cientos. Me he dado cuenta que los libros que compra la gente servirían para un buen estudio sociológico. Ahora tenemos muy buen fondo, sobre todo de Aragón”. 

Merche confiesa que “ahora sólo me falta que los de Borrastre lean, porque no se les conoce esa afición, pero el gusto por la lectura lo llevo yo allí, quieran o no quieran. Entre pastas, bombones y café, pues siempre leo un soneto de Lorca o un cuento de Maupassant y con eso yo me voy a casa más feliz que nada”. 

Este texto de José An. Montero con fotos de José María Martínez, también se publicó en Diario 16 y en la Gazeta de Guatemala.

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