Landarte, inmersión creativa en la cotidianidad de los pueblos de Navarra 

Por José An. Montero

Cinco creadoras y creadores han llevado a cabo procesos participativos de creación contemporánea en cinco localidades del medio rural navarro, dentro de la novena edición de Landarte, un programa impulsado por el gobierno de Navarra. 

Conversamos con Marc Badal, del equipo de coordinación de Landarte, y con Peru Galbete, uno de los creadores participantes en esta edición. 

En esta octava edición han participado la cineasta Ekhiñe Etxeberria, en Elgorriaga, con el proyecto “Herriko Ostatua-Herriko bihotza”; la artista multidisciplinar Estefanía de Paz Asín con el proyecto “La ballena Invisible”, en Oteiza de la Solana; la fotógrafa y arquitecta María Azkarate con el proyecto “Anecdotario”, en Rada; la creadora visual Oihane McGuinness con el proyecto “Cartografiar lo andado y las esquinas de la cultura del aire”, en el Valle de Unciti y el creador Peru Galbete está presente en el municipio de Aibar-Oibar con el proyecto denominado “Piedra a piedra, diario colectivo de Aibar”, con el que hemos hablado para conocer más detalles de la propuesta que hay llevado a cabo. Una conversación en la que también ha participado Marc Badal, que junto con Anne Ibáñez, forman el colectivo Kanpoko Bulegoa y participan como mediadores de Landarte desde hace cinco ediciones. 

Continuamos de esta manera una conversación que dejamos en puntos suspensivos el año pasado y que hemos completado en esta ocasión para descubrir más detalles de esta edición de Landarte que es, como nos explicó Marc, “sobre todo, un proceso constante de aprendizaje intensivo y extensivo, porque exige una inmersión en la cotidianeidad de los pueblos en los que trabajamos”. 

Si hay un hilo que conecta muchos de los proyectos de esta edición es que se ha puesto “el foco en prestar atención a esas pequeñas historias que en la mayoría de las veces no aparecen en las historias oficiales”, explica Marc Badal. “Aunque tienen metodologías y temáticas diversas y se desarrollan en lugares con contextos geográficos y socio antropológicos muy diferentes.”

Una de las características de Landarte, es que todas las localidades y todas las creadores y creadores empiezan desde cero, construyendo desde esta incertidumbre. En la presente edición, como novedad se ha trabajado en poblaciones en general más grandes, “en las que había un tejido asociativo más dinámico, eso no quita para que en localidades más pequeñas  como las del Valle de Unciti exista una comisión de cultura muy activa, que trabaja en alianza con el ayuntamiento. Siete pueblos muy pequeños, pero absolutamente hiperactivos en lo social y en lo cultural”, cuenta Marc. 

Según el mediador del proyecto, “este año ha habido cosas que han sido verdaderos aciertos, especialmente el de poner el foco en revisar de forma colectiva y crítica qué merece la pena ser relatado. Ha sido un trabajo muy intenso, pero muy gratificante. Tanto Anna como yo, partimos de que el trabajo nos permite aprender y seguir pensando lo que hacemos en los territorios que habitamos. Landarte nos ofrece posibilidades de ciertos momentos y de relaciones que nos abren sus puertas y compartir momentos” 

“Por ejemplo, las visitas que hicimos a Aibar antes de que Peru Galbete se incorporase tuvieron momentos muy potentes”, explica Marc Badal. “Es un pueblo de músicos profesionales y también muchos aficionados, pensamos juntos en cómo activar lo comunitario a través de lo musical”. 

Piedra a piedra, diario colectivo de Aibar

En su proyecto “Piedra a piedra, diario colectivo de Aibar”, Peru Galbete propuso realizar un diario colectivo donde cada habitante elige una fecha y escribe algo que quiera contar. Fechas destacadas, vivencias, anécdotas… para construir un relato colectivo del pueblo. “Hubo una primera fase de conocimiento mútuo en la que me interesaba ver qué inquietudes había y qué podía aportar. Aibar es un pueblo con mucha tradición musical, así que le planteé a Marc tirar por un lado completamente distinto. Me he sentido muy a gusto en la incertidumbre.”

“El hecho de llegar a un sitio y colocarse en otra posición te hace buscar un equilibrio desde el que crear algo juntos”, explica. “Dejar que pasen cosas, como el otro día en la lectura. Te van llevando por sitios que no te esperas y tienes que improvisar todo el tiempo. Hasta ahora no había hecho ningún proyecto colaborativo, y tenía ganas de saber hasta donde nos iba a llevar. Ha sido muy bonito ver cómo la gente va involucrándose en cada momento del proceso”. 

Con una amplia trayectoria musical, Peru Galbete, se ha acercado en esta ocasión al mundo de la literatura, de la que nunca ha sido ajeno. “Para mí es algo orgánico, grabé un disco del que después hice un libro. Me gusta que la música también se pueda leer, siempre he tenido la inquietud de llevarla a otros terrenos”, explica. En este caso, al ser una obra colectiva, “había muchas ganas de sentarse, de hacer una lectura colectiva de estos textos anónimos. Había cosas en esos textos que tienen un significado especial para la gente de Aibar. Creo que realizaremos una nueva sesión para grabar la lectura”. 

Como decía ‘Ura’, la segunda canción de su álbum ‘Beiratu’ donde escribía “Como toda la vida, vivir en esta vida tratando de aprender. El agua lo derrite todo y nos lleva a lo desconocido” (Urak urtzen du dena / ta eramaten gaitu / ezezagunera). Este trabajo ha sido un runrún en los oídos del tiempo, como escribió Marit Kapla en ‘Osebol. Voces de un pueblo sueco’ (Capitán Swing, 2023), donde recogió también el testimonio colectivo de vidas que no suelen ser narradas.

Landarte un punto de inflexión 

Una experiencia intensa sobre la que reflexiona Peru, “ha sido una experiencia muy intensa compartida con gente muy diferente. Normalmente trabajas con gente más afín y colaborar con Landarte hace darte cuenta que el mundo es más amplio de lo que parece. 

“Es muy poco habitual encontrar creadores que trabajen de forma colaborativa y participativa”, dice Marc Badal. “Si Landarte les sitúa en esa posición tan poco habitual es precisamente por eso, por tener que enfrentarse al imperativo de lo colectivo. Hay que tender puentes porque en la medida que el arte volviese a ocupar un lugar en las comunidades y en los lugares donde viven, se volvería a conectar el arte con la vida”. 

Durante miles de años, en palabras del propio Marc Badal, en su último libro, ‘Geografías de la ingravidez’ (Pepitas de Calabaza, 2024), las personas “habitaban un mundo de horizontes muy cercanos, pero se sumergían en él con tal dedicación que jamás llegaban a agotar las infinitas posibilidades que este les ofrecía. Por esta razón, cuando un campesino hablaba, era el propio lugar quien se expresaba”. Landarte es precisamente eso, que el arte conecte con el lugar que se habita.

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