Eric Jiménez: “Como diría Morente, estamos vivos de milagro”

Por José An. Montero

El baterista Eric Jiménez, de Lagartija Nick y Los Planetas, es el protagonista del documental ‘La importancia de llamarse Ernesto y la gilipollez de llamarse Eric’ de César Martínez Herrada, preestrenado en el ciclo “Malos Tiempos para la Lírica” celebrado en Cuenca durante este mes de octubre.

El ciclo Musical “Malos tiempos para la Lírica” cerró esta sexta edición con la proyección del documental ‘La importancia de llamarse Ernesto y la gilipollez de llamarse Eric’ que obtuvo el premio del público en el Festival de San Sebastián y que será estrenado en cines el próximo diez de noviembre. 

Una proyección realizada en la Iglesia de la Merced de la Fundación Antonio Pérez, entre las piezas de la sugerente exposición “Pat Andrea. Retrato de una familia”, en la que se recoge la obra de los integrantes de la familia Andrea (Kees Andrea y Pat Andrea, Cristina Ruiz Guiñazú, Azul Andrea y Mateo Andrea) y a la que asistieron tanto Eric Jiménez como el director César Martínez Herrada, que también fue el director del documental ‘El Objeto Encontrado’ (2012) sobre la figura del propio Antonio Pérez. 

‘La importancia de llamarse Ernesto y la gilipollez de llamarse Eric’ recoge la obra y “milagros punk” de uno de los baterías más icónicos de la música contemporánea española desde “la primera hostia que me dió la vida, la que me dieron al nacer”, hasta junio de 2022 cuando finaliza la grabación de este documental. Una vida punk que arranca a los trece años cuando abandona la pensión Penibética, regentada por su madre. Una trayectoria vital que transita por los vericuetos del rock periférico español que tuvo en Granada uno de sus focos principales y que sería difícilmente entendible sin los cuatro millones de golpes a la batería de Eric, título del primer libro autobiográfico, que ha tenido continuación en ‘Viaje al centro de mi cerebro: Las anécdotas más ácidas y salvajes del mítico batería de Lagartija Nick y Los Planetas’. 

En este documental descubrimos algunas de las múltiples facetas de quien puso ritmo a algunos de los discos imprescindibles para entender las últimas décadas de la música española como el revelador ‘Inercia’ (1992), el enorme ‘Omega’ (1996) de Morente, el imprescindible ‘Una semana en el motor de un autobús’ (1998) o el icónico ‘Homenaje A Enrique Morente’ (2012) de Los Evangelistas, obras vistas en el documental desde la perspectiva de la batería.

También descubrimos desde el Eric más reflexivo, que parece haber masticado las frases para soltar verdaderas perlas de humor negro que salpican la hora y media de duración del documental, incluso para narrar sus momentos más oscuros como ese “Me costó mucho meterme en la droga” con el que introduce el tema de las adicciones, hasta un Eric surrealista, como la maravillosa escena rezando a un supuesto Dios de la Música, pasando por su visión familiar más tierna, “al fin y al cabo, como decía el Fary, soy un blandengue”, diría Eric en el coloquio posterior.

Frente a la cámara de César Martínez Herrada, ubicada junto a las baquetas de Eric, circulan, casi como telón de fondo de la vida, Jota, Antonio Arias, Migueline, Miguel Ríos, Niños Mutantes, Lapido y José Antonio García, sus primeros compañeros en KGB o Soleá Morente, por citar algunos ejemplos. Grabaciones recuperadas como los primeros conciertos con KGB, los ensayos en las cuevas de Cristóbal y mucho material grabado por Migueline, backliner de Los Planetas. Hay memoria, hay risas, hay llantos, hay amistad, hay una vida entera a la que ha sobrevivido de milagro, como diría el maestro Morente, que flota por todo el documental casi como esa figura paternal ausente de la infancia de Eric. 

Tras el preestreno, conversación del público asistente con el director y con Eric, que también dejó bastantes perlas para el recuerdo. Desde las anécdotas del montaje final donde Eric llamaba insistentemente a las tres de la mañana a César para que aparecieran escenas como la cabalgata de reyes de Granada, “donde me puse a tirar caramelos como si estuviera tocando la batería y me dijeron, vas a arruinar al Ayuntamiento”, la entrega de la medalla de la ciudad de Granada o la escena del organillo durante una gira mexicana, que justificó como una cura de humildad “A veces hay que tener mucho cuidado con el éxito, puede convertirte en un gilipollas (…) Odio la palabra artista, somos obreros de disciplinas artísticas”. 

También hubo tiempo para que Eric respondiera algunas preguntas sobre su trayectoria artística, como su manera de entender su instrumento, desde sus comienzos en que aprendió a tocar de oído, imitando a la gente que me gustaba, como Budgie de la banda  la banda Siouxsie And The Banshees, “en la batería no se tiene que aprender solo su partitura, sino dentro de su contexto”. También reconoció que se ha moderado en los ensayos porque “Siempre ensayaba como si fuera la última vez, a los demás les parecía desmesurado”, pero “en directo, como no pueden parar, hago lo que me da la gana”.

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