
Exposición Horizontes Partilhados: Viagens e Transformações, comisariada literariamente por Gonçalo M. Tavares en el Museu Nacional Soares dos Reis de Oporto. Más de doscientas piezas entre objetos viajeros, miradas cruzadas e hibridaciones culturales que revelan las huellas dejadas por rutas y contactos en el arte, el pensamiento y en la vida cotidiana.
Un niño corretea por la sala y se sienta en un largo canapé de terciopelo rojo del siglo XVIII. Para él es un objeto en el que sentarse. El vigilante salta como un resorte de su letargo y se lanza sobre el niño, que, con mirada asustada, no comprende la falta que ha cometido. Así somos los viajeros cuando iniciamos el viaje.
Decía Chirves, que escribir es salvar la distancia entre la imaginación del viaje y la inmovilidad del cuerpo. La palabra es el hilo argumental de un recorrido por las colecciones del Museo Soares dos Reis. Esa es la propuesta de la exposición Horizontes Partilhados: Viagens e Transformações.

Una maleta de piel, abollada, sobre un arca de transporte habla de un tiempo en que los viajes no aseguraban el trayecto de vuelta. Es la maleta de la pintora Aurélia de Souza, una creadora que sostuvo su vida en el movimiento y en la observación atenta. Una vitrina reúne pequeños cuadernos de viaje que aún parecen conservar los olores del camino y la tinta fresca de la escritura directa. Son objetos que transmiten mundos desconocidos y convierten esta sala en un puerto de salida y en una aduana de llegada donde cada pieza adquiere el valor del descubrimiento. Objetos livianos en lo material, pero densos en memoria y experiencia.
“Y vamos a hablar de cómo al viaje, se llevó un secreto y lo trajo, después, casi intacto”, escribe Gonçalo M. Tavares en su épico Viaje a la India. Porque los grandes viajes se escriben en verso, la forma que mantiene su fuerza en la memoria colectiva. Así fue desde el principio de los tiempos, y así será siempre el último viaje al final de los tiempos, aunque quien lo escriba ya no sea humano.
Horizontes Partilhados: Viagens e Transformações, la exposición que se presenta hasta el 22 de noviembre de 2025 en el Museu Nacional Soares dos Reis de Oporto, trasciende los márgenes museográficos. Es un artefacto que activa la reflexión y provoca un pensamiento más lento, más profundo, menos utilitario. “Aprendemos demasiado, pensamos de menos”, cita Tavares a Nietzsche en la reflexión final de la muestra.

El giro que plantea esta propuesta es sumergirse en las colecciones del Museo Soares dos Reis, buscando artistas y coleccionistas que nos hablan de personas y pensamientos en movimiento, y hacerlo de la mano del escritor Gonçalo M. Tavares. ¿Cómo escribir de esta exposición si ya lo ha hecho Tavares? Esa es la batalla infinita de pensamientos y argumentos culturales puestos frente a frente. Una lucha que está constantemente librándose y de la que nunca hay un claro vencedor, pues siempre quedan espacios de resistencia. Argumentos que se pierden en la corriente del tiempo y que reclaman ser recuperados. El ser humano está constantemente en proceso de reformulación, y nunca podemos vislumbrar qué ideas serán las que resulten momentáneamente triunfadoras.
Los tres ejes de la exposición abren caminos mentales. Si la primera parte se dedica a los objetos y la materialidad del viaje, la segunda aborda la mirada del otro, de mirar y de ser mirado, y la tercera presenta las hibridaciones estéticas y culturales. Materia, mirada y mezcla. El viaje como transformación de la mente, como necesidad humana. “Nada en el mundo nos consuela por completo… es preciso salir del lugar”, escribe Tavares. O como diría el maestro Lapido, “el oasis siempre está a un paso más”

El infinito viajar del ser humano, cuando ese viajar “significa echar cuentas con la realidad pero también con sus alternativas, con sus vacíos”, en palabras de Magris. El mástil truncado de la embarcación de D. Pedro IV evoca un barco inexistente que atraviesa la sala. La memoria del viaje es también lo que no volvió. Todas las ciudades invisibles del universo caben en una hoja en blanco.
Viajes que no son solo postales seriadas, sino que generan contaminaciones, reinterpretaciones, hibridaciones, traducciones apócrifas de lo ajeno. Viajes que son energía creativa. Un pequeño grabado como el martirio de Nagasaki abre miles de narrativas posibles. Peligros, violencia, naufragios, choques coloniales, luces y sombras, miradas contradictorias. Bajo las condiciones del necropoder, las líneas entre resistencia y suicidio, sacrificio y redención, martirio y libertad se desdibujan, como escribió el historiador camerunés Achille Mbembe.

Frente a estas piezas somos más conscientes del lugar y del tiempo desde donde las miramos, tratando de digerir la mirada del otro. “Aquí hay mucha materia para el pensamiento”, escribe G. M. Tavares en las paredes como aviso antes de lanzarse a este mar expositivo, donde caminar y crear son sinónimos. “Aprendemos demasiado, pensamos de menos.” Regresa a la mente el aforismo de Nietzsche cuando se recorre la larga rampa de salida de la sala. Una última mirada atrás. Reconstruir la mirada, reorganizar el pensamiento, recomponer la trama de historias que, como la primera taza de té que llegó a Europa, configuraron costumbres e identidad. La crónica del viaje recomienza en cada puerto.
