Dulzaro, pandero cuadrado y electrónica en la Fuente del Oro

Por José An. Montero

El artista vallisoletano cerró la primera jornada del Festival de Otoño de Cuenca en esta edición que extiende su programación a los barrios de la ciudad. 

La primera jornada del Festival de Otoño de Cuenca finalizó con la programación del concierto de Dulzaro, el vallisoletano que se ha convertido en uno los artistas revelación de este año con su espectáculo ‘Jota de Luna’ y que recalaba por primera vez en Cuenca tras haber pasado durante este verano por escenarios como Noche de las Velas de Guzmán, el FETALe de Urones de Castroponce (en su extensión de Mayorga), la Térmica de Ponferrada, el Teatro San Francisco de León, Bagaudas, Festival de Cine del Medio Rural o el Festival 4 Gatos. Una gira que continuará con su participación en el IX Encuentro Cultura y Ciudadanía, organizado por el Ministerio de Cultura y Deporte, y que se celebrará en apenas unas semanas en Valladolid. 

Dulzaro, nombre artístico tras el que encontramos al cantante, compositor y productor Alberto Domínguez (Valladolid, 1994), ha conseguido con ‘Jota de Luna’ ir haciéndose un hueco entre la música contemporánea gracias al boca a boca de quienes acuden a sus conciertos, a pesar de no disponer aún de un trabajo discográfico, ni de tener el apoyo de las grandes discográficas. 

No cabía una apuesta más interesante para cerrar este primera jornada del Festival de Otoño de Cuenca que el folk electrónico de Dulzaro en el inusual escenario de la Plaza Reina Sofía de la Fuente del Oro, en la primera experiencia de este festival saliendo del centro de la ciudad. Tampoco un escenario más complicado. Una plaza abierta con terrazas. y tras un espectáculo que reunió a numeroso público infantil en la primera filas que mayoritariamente huyó en desbandada al llegar la hora de la cena. 

Dulzaro, acompañado a las percusiones por su habitual escudero Héctor Varela, fue capaz de enganchar con el público asistente, hacer bailar a las niñas y niños que quedaron en la plaza, sentar en los bordillos a los mayores que aprovecharon la noche casi veraniega y ofrecer un espectáculo de más de una hora, en el que cada vez fue reuniendo más público atraído por los sonidos que provenían de la plaza. 

Desde los primeros temas, ofreció un repertorio en el que hubo sitio para el poemario lorquiano, canciones tradicionales recuperadas por el genio granadino, pasados por su reconocible tamiz sonoro, pero también para algunos temas propios, cada vez más conocidos por el público como ‘La Penitente’ o temas tradicionales que beben de las fuentes de Agapito Marazuela o Joaquín Díaz. 

Aunque es inevitable la referencia a Rodrigo Cuevas, Dulzaro va construyendo un estilo propio nutrido de la fusión de estilos musicales, influencias y apoyados en un espectáculo muy performativo que se apoya en una solvencia técnica capaz de alternar la música de cucharas con las bases electrónicas, la voz con el baile y la tradición con la vanguardia. 

No tardaremos en verlo en escenarios mucho más grandes. Camino lleva. Entonces habrá un par de centenar de personas que contaremos que lo vimos tocar por primera vez en Cuenca en la plaza de la Fuente del Oro.

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