La Domus del Pórtico de Cartagena acoge hasta el 27 de septiembre Novo Orbe, la exposición de Oswaldo Guayasamín que recupera parte de las 57 obras creadas por el artista ecuatoriano para De Novo Orbe decades octo y propone una mirada a la conquista de América desde el imaginario indígena, dentro de La Mar de Arte 2026.

Una figura femenina surge de un volcán, o cae. Un volcán recurrente como imagen en la última edición de La Mar de Músicas, con Ecuador como país invitado. Un volcán como símbolo universal de conexión con un mundo bajo nuestros pies. Desconocido. Misterioso. Una mujer gigante, quizá una diosa, con gesto inexpresivo. Entre dramática y ritual, parece fundirse con las fuerzas naturales. Los rojos pasan por ocres y por naranjas, hasta convertirse en un verde intenso. Quizá una Pachamama volcánica.
La Domus del Pórtico de Cartagena acoge hasta el 27 de septiembre Novo Orbe, la exposición de Oswaldo Guayasamín que recupera parte de las 57 obras creadas por el artista ecuatoriano para De Novo Orbe decades octo y propone una mirada a la conquista de América desde el imaginario indígena, dentro de La Mar de Arte 2026.

La exposición Novo Orbe, de Oswaldo Guayasamín, nos presenta algunas de las piezas de la hoy dispersa serie de 57 obras —17 litografías y 40 aguafuertes— encargada al artista ecuatoriano para ilustrar, con motivo del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, el De Orbe Novo Decades de Pedro Mártir de Anglería. Un cronista del siglo XVI que nunca pisó América, sino que construyó su obra a partir de las historias que llegaban hasta la Península.
Cinco siglos después, Guayasamín retrató el choque de esa mirada europea contraponiendo dos universos de manera gráfica. La crudeza en blanco y negro, de trazo grueso y despiadado, nacida con la conquista, frente a la riqueza cromática con la que se plasma la América anterior a la llegada de los europeos.
La exuberancia de la paleta y del imaginario de las cosmovisiones indígenas hipnotiza con sus volcanes, sus dioses alados, sus frutas, sus animales y sus figuras humanas. Un universo de rojos y ocres que se contrapone al blanco y negro sin matices de la imagen de los conquistadores y sus crucifixiones. La violencia y la rapiña con la que Anglería describe su actitud, donde “nada dejaban intacto o impoluto”. Muchas imágenes y muchos símbolos que somos incapaces de interpretar en su totalidad desde el aquí y el ahora, que remiten a una cosmovisión propia capaz de impactar en la conciencia aun sin saber muy bien las razones.

La mirada de La Mar de Músicas suele posarse en los sonidos contemporáneos que beben de la tradición, en esta edición, con Ecuador como país invitado, La Mar de Arte ha ampliado el foco. Ha mirado no solo hacia allí, sino también hacia aquí, hacia la comunidad ecuatoriana que vive en España, y hacia el futuro en común, reservando la Domus del Pórtico para volver la mirada hacia el pasado y proponer, desde la cosmovisión indígena, una relectura de la conquista.
Apenas algunas referencias desde el escenario, como la de Pedro Bonfim «Llegaron los españoles a conquistar y el cristianismo pegó a full», desde el escenario del Ayuntamiento de Cartagena el control absoluto ejercido por la religión católica en los tiempos coloniales, que impuso los patrones musicales europeos en el Ecuador colonial, un territorio que fue alternando su dependencia entre los virreinatos del Perú y de Nueva Granada.

Una manera también de entender la diversidad del Ecuador musical, desde la visión más indigenista y de resistencia de Humazapas, que demuestra que las expresiones culturales de los pueblos originarios siguen vivas más allá de los museos, hasta propuestas plenamente contemporáneas en las que todavía pervive la identidad de esas culturas, incorporada y transformada en nuevos lenguajes musicales.
El espacio de la Domus del Pórtico, en las traseras del Teatro Romano, cerca del impactante Callejón de la Soledad, con las murallas bizantinas y las calles romanas empedradas incrustadas en su interior y casi escondido entre callejones y solaneras, es un verdadero refugio para iniciar el viaje.
Una sala que durante estas últimas ediciones podríamos considerar casi como el prólogo, el punto de arranque intelectual desde el que comenzar a leer cada edición del festival. Si en 2023 propuso los Traumas de Joan Fontcuberta, una reflexión sobre la memoria, la degradación de la imagen y los fantasmas que deja el paso del tiempo, en una edición dedicada a Canadá; en 2024 acogió los Mediterráneos de Rafael Chirbes, cuando el festival dirigía su mirada hacia las Islas del Mediterráneo, convirtiendo sus fotografías en otra forma de recorrer ese mismo territorio; y en 2025, Bohnchang Koo abrió desde el silencio y el minimalismo una edición dedicada a Corea del Sur, enfrentándonos a la memoria de una cultura marcada también por las colonizaciones. Tres exposiciones que ofrecen claves para adentrarse en el programa musical desde una mirada más profunda. En 2026, con Ecuador como país invitado, ese lugar lo ocupa Oswaldo Guayasamín y su lectura indigenista de la conquista de América.

Novo Orbe, exposición dedicada a la serie De Novo Orbe Decades de Oswaldo Guayasamín, realizada en la década de 1980 para ilustrar el texto de Pedro Mártir de Anglería y comisariada por Nacho Ruíz, de Galería T20, puede visitarse en la Sala Domus del Pórtico de Cartagena desde el 9 de julio de 2026, dentro de La Mar de Arte, sección expositiva de La Mar de Músicas.
