
El inicio de la XVI edición de Música en la Catedral de Cuenca llegó este 13 de junio, día de San Antonio de Padua, con el concierto de Montserrat Torrent titulado Este año… ¡CIEN!, dentro del calendario de homenajes del Año Montserrat Torrent que la Generalitat de Catalunya ha declarado con motivo de su centenario, para reconocer su trayectoria, labor pedagógica y recuperación del patrimonio musical.
La cita de Cuenca se incorporaba a una agenda de conciertos que durante los meses anteriores había pasado por el Teatro Principal de Burgos, la Catedral de Ávila, el Palau de la Música Catalana en Barcelona y el Auditorio Nacional de Música en Madrid. Apenas unas semanas antes, el 18 de mayo, Torrent había inaugurado el órgano restaurado de Sant Felip Neri, en Barcelona, un proyecto al que llevaba vinculada buena parte de su vida.

Las dificultades físicas de la organista obligaron a trasladar el recital a la nave central. Frente al Altar Mayor se instaló el órgano de salón construido por Frédéric Desmottes siguiendo modelos aragoneses del siglo XVII. Detrás, la gran rejería de Juan Francés cerraba la perspectiva, y sobre el espacio caía la luz de las vidrieras de Gustavo Torner, dedicadas al ciclo de la Creación. Torner, otro creador que también alcanzó los cien años sin abandonar su actividad, completaba así la escenografía de un recital inolvidable.
En el centro del presbiterio, la escala íntima del instrumento contrastaba con la presencia cercana de los dos órganos barrocos gemelos de Julián de la Orden situados en el coro alto. Frente a la monumentalidad habitual de la música de órgano en la Catedral de Cuenca, el sonido nacía desde la cercanía. A unos pocos pasos de los primeros bancos.

La presentación corrió a cargo de Miguel Ángel Albares, capellán mayor de la Catedral y alma mater de este ciclo: «Está con nosotros, ¡qué gran orgullo!, Montserrat Torrent. Todos ustedes conocerán a magníficas organistas en España, y fuera de España, en Europa y en el mundo. La única mujer a la que llamaban «la dama del órgano», merecidamente, es la maestra Montserrat Torrent. Son cien años de vida, y ella misma ha querido titular este concierto: Este año… ¡CIEN!».
El resto fue música. Las manos sobre el teclado parecían conservar una agilidad ajena al paso del tiempo. Con el avance del programa, los cien años dejaron de ocupar el centro de la escena. También dejó de ser relevante la sordera con la que convive desde 1980. Lo que permanecía era una relación construida durante décadas entre una intérprete y su instrumento, sostenida por la memoria musical y por una forma de escucha que encuentra en la vibración física del sonido otra manera de percibirlo. Una herencia de la escucha interior que, como ella misma recuerda en uno de los paneles informativos, venía de lejos: «Todos los hermanos ya escuchábamos música antes de nacer gracias a nuestra madre», que se había formado como pianista con una discípula de Enrique Granados.

Un programa ibérico, feminista, intelectualmente riguroso y profundamente espiritual que arrancó con el Tiento del quinto tono, las Diferencias sobre guárdame las vacas y Ancol que col partiré, de Antonio de Cabezón. Organista de Carlos V y Felipe II, Cabezón fue una de las grandes figuras del teclado renacentista europeo. Ciego desde la infancia, su música sigue ocupando un lugar central en la tradición ibérica.
Después llegaron Da bei rami scenda, de Clémentine de Bourges, y La Borromea, de Claudia Rusca. Ambas forman parte del trabajo de recuperación de música escrita por mujeres de los siglos XVI y XVII que Torrent ha desarrollado durante las últimas décadas. Bourges, autora francesa del Renacimiento, y Rusca, monja y compositora milanesa, compartían justamente programa con Cabezón, Correa de Arauxo o Cabanilles.

El centro del recital estuvo dedicado a Francisco Correa de Arauxo. Sonaron el XV. Tiento de cuarto tono, el XXXVI. Tiento de medio registro de tiple de décimo tono y el XVI. Segundo tiento de cuarto tono, a modo de canción. Buena parte de la obra de Correa está ligada al teclado partido, una de las características más reconocibles del órgano ibérico, cuyas texturas se adaptan perfectamente a la afinación de este pequeño órgano de Desmottes.
Completaron el programa la Fantasia Chromática de Jan Pieterszoon Sweelinck y el Tiento XII de falsas y la Gallarda V de Joan Baptista Cabanilles. Durante algo más de una hora, Torrent hizo un recorrido por el repertorio fundamental de la música para teclado de los siglos XVI y XVII.
Qué certeras se tornaron las palabras de la propia Montserrat Torrent que leyó Albares al arrancar la actuación: «Me gusta la vida, me gusta estar viva y sentirme útil. Quiero levantar mi voz y pregonar a los cuatro vientos que no debemos ser cobardes. Todo aquello que no hemos sabido alcanzar en la vida, ahora es el momento de ponerse manos a la obra e intentar sentirnos realizados», y concluía: «Prescindir de los viejos es como borrar la memoria».

Durante la hora del concierto, la música penetró en el cuerpo y se apoderó del alma. Se trenzó en todos los presentes. Hasta la también organista Lucie Žáková, que acompañó en el concierto como registradora, asomaba durante algunos instantes la cabeza tras el batiente del órgano con una sonrisa de felicidad en el rostro, queriendo paladear cada minuto del concierto. Al terminar la última obra, los aplausos se prolongaron mientras los asistentes trataban de asimilar lo vivido.
Casi sin dar tregua para volver a la realidad, las manos de Montserrat Torrent regresaron al teclado para ofrecer, a modo de propina, la Pavana con su glosa de Antonio de Cabezón. La glosa de la vida vivida y de esa memoria que se debe conservar frente al olvido.
Al finalizar, el silencio devolvió a Torrent a la realidad física de sus cien años. Visiblemente fatigada, permaneció junto al mueble del órgano atendiendo emocionada a una sala igual de emocionada. Allí repartió caricias a los asistentes más pequeños, se hizo fotografías con todo aquel que se las solicitó y, durante bastantes minutos, recibió el afecto del público, que parecía resistirse a desalojar las naves, intentando estirar el tiempo para que esta velada no terminase nunca.
XVI Edición de Música en la Catedral de Cuenca. Catedral de Cuenca, Altar Mayor. 13 de junio de 2025, 20:00 horas. Este año… ¡CIEN! Montserrat Torrent, órgano.