
Dice el poeta Héctor Castrillejo que no existen caminos nuevos que no hayan sido pisados. Que somos mezcla, somos mejunje, y que cada generación escupe a esa marmita eterna y añade trenza a la trenza, y trenzando se alimenta. Siempre estamos redibujando la relación con nuestra tierra. No con fronteras ni provincias, sino con giros de voz, compases y acentos. Con vida. Un sentimiento que late bajo la piel y que vuelve a preguntarse qué significa “ser de un lugar”. En el escenario de Ciudad Rodrigo se escucharon las músicas de Kepa Junkera, Coetus, Rodrigo Cuevas, Karmento, El Niño de Elche, El Naán o Rozalén, entre otros. Cada uno aportando capas a un palimpsesto que añade una nueva capa a los mapas musicales de Alan Lomax, al realismo mágico de Cristina García Rodero, a esta marmita que no para.
‘Arraigo’ fue el estreno absoluto de Arvinedanza en la Feria de Teatro de Castilla y León. Danza que convirtió el escenario en tierra ondulante, en geografía que se mueve. Esta compañía, nacida en Valladolid de la mano de bailarines formados en la Escuela Profesional de Danza de Castilla y León, ha tejido en apenas una década un repertorio que va de Vinum, homenaje al vino y a la cultura del trabajo, hasta Mulier, un grito contra la invisibilidad de tantas mujeres, que ya pasó por esta feria hace un par de años. Arraigo se inscribe en esa línea: un viaje coreográfico por la península que hila gestos y cantos ancestrales con la energía de cuerpos sudorosos, presentes.

El resultado es un remix inagotable de influencias, una plenitud contemporánea que transforma sonidos casi extinguidos en una lectura nueva del territorio. Una raíz que respira en presente y que se remezcla a cada instante.
El nuevo folk trasladado al lenguaje de la danza contemporánea. Cuerpos llevados al límite, mezclados con sonidos, sudando en el terruño. Sudor convertido en verdad física. El patio de butacas se reconoce en esas canciones porque ya se han transformado en populares, en el sentido machadiano: “hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son”. El teatro se convierte en plaza, en romería, en carnaval comunitario, en fiesta compartida.

Lo ancestral no es reliquia, sino savia encendida que atraviesa estas nuevas músicas y hace florecer otras artes. La tradición es eternidad hecha presente, como diría Octavio Paz. Sin embargo, cada vez que esa tradición se expone, acecha el peligro de la postal: el terruño reducido a souvenir, lo rural convertido en estampa decorativa. Pasolini lo advirtió al defender las lenguas y culturas menores frente al rodillo urbano y mainstream. Lo popular siempre corre el riesgo de convertirse en marca blanca diluida.

Por eso resulta revelador que sea el Nuevo Teatro “Fernando Arrabal” de Ciudad Rodrigo quien acoja este estreno. En un pueblo fronterizo, la tradición se entiende de otra manera: no como folclore congelado, sino como energía que sigue latiendo. Como escribió Saramago, la frontera es un lugar fértil. Y en pleno agosto, este rincón se convierte en epicentro cultural. El mapa se recompone desde la periferia. Canciones nuevas que beben de raíces obstinadas, raíces que se niegan a secarse. Estado de pertenencia profunda a un territorio, a una cultura o a una tradición, como define la RAE el término arraigo. Pero aquí no se trata de definir, sino de volver de nuevo a la raíz, conectando con el presente. Arraigo es solo el lugar donde, volviendo a Héctor Castrillejo, la pureza más pura es una mezcla olvidada.Arraigo (Arvinedanza, 2025). Estreno absoluto en la XXVIII Feria de Teatro de Castilla y León, 26 de agosto, Teatro Nuevo “Fernando Arrabal” (Ciudad Rodrigo, Salamanca). Intérpretes: Nereida Garrote, Elysa López, Lara Simón, Alejandro Mármol, Daniel Escolar y Jorge Morera. Dirección artística y coreografía: Nereida Garrote, Elysa López y Lara Simón. Coproducción con el Teatro Calderón de Valladolid.