Zapatos para caminar hacia la España repoblada

Por Ainhoa Pino

Mercedes y Esteban llegaron hace unos meses a la serranía de Cuenca, una de las zonas más despobladas de España, para construir un nuevo futuro con sus hijos realizando zapatos artesanos que hoy venden ya por todo el mundo. 

El destino es siempre caprichoso. Mercedes y Esteban nunca habrían podido imaginar que en el suyo se cruzaría un lugar llamado Tragacete en la Serranía de Cuenca. Llegaron desde Argentina a principios de año con el sueño de hacer un club de tiro con arco, un proyecto que cada vez está más cerca. Mientras tanto, decidieron hacer de su hobbie de hacer zapatos artesanos un medio de vida para ellos y para sus dos hijos. El tesón y el buen hacer les ha permitido construir una gran reputación para su marca ‘Cardosanto’ y vender zapatos en varios países. 

Un proyecto vital que llegó de la mano del proyecto ‘Holapueblo’, gestionado por AlmaNatura y financiado por Red Eléctrica de España y Correos, en el que ya habían participado Emilio y Elena, que habían instalado en Tragacete su  proyecto ‘Northern Traders’, desde el que realizan réplicas de productos medievales y vikingos de gran fidelidad y calidad. A estas dos iniciativas se ha añadido también la propuesta de ‘Carpintoys’, juguetes educativos en maderas. Tres empresas artesanas recién instaladas en Tragacete y que pudimos conocer durante el encuentro de artesanos de la Serranía de Cuenca que se celebró durante la I Semana del Optimismo Rural de la Fundación Los Maestros. Allí hablamos con Mercedes, una de las impulsoras de este encuentro y cocreadora de la zapatería artesana ‘Cardosanto’.

“Comenzamos a hacer calzado en Argentina sólo por gusto los fines de semana, sin idea de que fuera un medio de vida. Allí participamos en un par de showrooms y nos llevamos la sorpresa de vender bastante. Llegamos a España con otros planes, pero las circunstancias hicieron que armásemos el taller en Tragacete y aquí lo enfocamos como un emprendimiento, como una manera de vivir de ellos”. 

Lo que allí era un hobby se ha transformado en un trabajo a tiempo completo, aunque según confiesa “le dedicamos más tiempo que a un trabajo normal, porque no esperábamos la respuesta de los vecinos y lo bien que está funcionando el negocio en Internet, donde vendemos aproximadamente el ochenta por ciento de nuestro calzado, vendiendo incluso en América o Francia. Afortunadamente, aquí en Tragacete tenemos un buen servicio de correos que nos permite atender los pedidos que nos llegan a través de nuestra página web cardosantocueros.es o a través de Instagram y Facebook. Además desde hace unas semanas tenemos 4G y está a punto de llegar la fibra óptica, lo que nos dará más oportunidades.”

Antes de llegar a España, Mercedes y Esteban, habían aprendido los secretos de hacer zapatos en una ciudad próxima a la suya. “A mi siempre me gustó el diseño”, cuenta Mercedes, “y había estudiado algo de eso, pero me costó encontrar un lugar donde aprender a hacer zapatos, porque normalmente es un oficio que se hereda durante generaciones. De manera casual encontramos una escuela en una ciudad de enfrente y viajábamos para aprender a hacerlo por el gusto de hacerlos nosotros mismos. Es muy linda la sensación de ver el calzado terminado que has hecho con tus manos”. 

Un hobby que transformaron en oficio a base de experimentar, “por supuesto que a veces nos equivocamos, y muchas veces tenemos que empezar de nuevo, pero nos gusta experimentar y crear modelos diferentes y nuevos. Es un proceso sumamente agradable de hacer y es muy satisfactorio ver el producto terminado hecho con tus propias manos. Empezamos haciéndonos nuestros propios zapatas, es muy lindo poder usar lo que hacés”, nos cuentan en un bello acento argentino que va adquiriendo poco a poco los giros propios de la Serranía de Cuenca. 

“Es el momento idóneo para la artesanía”, comentan. “Nos parece que el tema de la tecnología y las redes sociales ayuda mucho al artesano a mostrar su producto y a vender su producto en cualquier lugar del mundo. El problema es que a los artesanos nos gusta trabajar en la oscuridad y a veces sabemos poco de tecnologías o de manejos de redes para armar nuestra propia página web, por eso hay que virar un poco e incluir un poco más de emprendedurismo, aprender a hacerlo o asociarse, porque las ventas serán mucho mejores”.

Durante la conversación son continuas las personas que se acercan a su puesto para preguntar, comprarlos o encargar un modelo concreto. “La gente está más sensibilizada para apreciar el trabajo del artesano y es consciente que no tiene el mismo costo que si compra unas zapatillas hechas en una fábrica, pero saben que van a tener un calzado absolutamente especial, diferente y hecho a mano. Tu piel lo siente y tu pie lo siente, porque nuestro calzado permite que haya una transpirabilidad del pie, no le va a rozar, ni va a sacar ampollas, ni va a tener hongos y tengas menos posibilidades de tener juanetes. Cuando compras buenos zapatos también estás comprando salud”. 

También escuchamos a personas que se acercan a felicitarles por un par de zapatos que les compraron, “Quien prueba nuestros zapatos hechos de materiales totalmente orgánicos es difícil que quiera volver a usar otro tipo de calzado, además saben que es un producto absolutamente particular y que no va a haber un par igual porque aunque hagas el mismo modelo, al hacerlo a mano, nunca va a ser absolutamente igual, y además como los artesanos somos un poco inquietos, nunca hacemos cincuenta pares del mismo modelo, hacemos cinco o diez como máximo y ya estamos pasando a otro modelo. De eso se trata, de crear y hacer cosas diferentes cada día.”

Establecidos en un pueblo tan emprendedor, pero tan pequeño como Tragacete, con apenas trescientos vecinos y decenas de pequeñas empresas, parece que el entorno rural es más propicio para las iniciativas artesanas a lo que Mercedes nos responde que “la artesanía no está relacionada directamente con lo rural, pero sí es un entorno facilitador. Los tiempos son distintos y vivir en estos lugares te ayuda a que puedas desarrollarte como artesana porque en las grandes ciudades la gente pasa el tiempo entre el transporte y la televisión, aquí volvemos un poco más a la vida tradicional, donde hay otros tiempos y otros ritmos. Antes tardaba una hora para ir a mi trabajo en transporte, y aquí mi taller está a veinte metros de mi casa. En la ciudad me tiraba dos horas en el supermercado y aquí la tienda la tengo a doscientos metros. Afortunadamente, para vender nuestro producto ya no es importante el lugar desde el que lo hagas”. 

Una senda que animan a seguir, porque creen que “los oficios hay que recuperarlos porque ahora hay muy poca gente dedicándose a ellos e internet ha abierto una posibilidad importante de llegar a la gente. Quizá unos años atrás había muchos más zapateros artesanos que los que hay hoy y era más difícil mostrar tu trabajo, pero ahora nuestro trabajo puede llegar a cualquier lugar del mundo. Nosotros vivimos en un pueblo sumamente pequeño y sin embargo, gracias a la tecnología, estamos vendiendo en todo el mundo. Los artesanos de hace veinte años atrás no lo tenían”. Es el momento de probarse unos zapatos basados en una interpretación de un resto arqueológico encontrado en Birka (Suecia), realizado íntegramente con técnicas medievales y cosido a mano, que llevan llamándome desde el principio de la conversación. Probablemente sea el zapato más radicalmente bello y moderno que pueda encontrar.

Este artículo de Ainhoa Pino y José An. Montero. Fotografía de Javier Maroto también se publicó en Las Noticias de Cuenca, edición digital y de papel, el 24 de agosto de 2021.

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