Vivir sin huella ecológica

Por Alba Martínez Vicente

Hugo Altman es una persona que se ha formado en distintas profesiones y que por crisis personales ha tenido que empezar de cero muchas veces. Desde hace años siente la necesidad de ir desprendiéndose de cosas, de lo acumulado y encontrarse a sí mismo. Un trabajo introspectivo y personal. En varios viajes a Latinoamérica, en 2019 se dio cuenta de que todo lo que necesitaba para vivir le cabía en dos mochilas. Cuando volvió lo primero que hizo fue comprarse un camión viejo y lo transformó en el hogar en el que vive ahora. Así lo ha contado en la tertulia “Huella ecológica personalizada y bosques comestibles” en la Fiberlibro.

No hace una vida viajando mucho, pero hace la transhumancia, los pastores cuando hacía mucho calor se trasladaban con el ganado a una zona más fresca, con pastos verdes, y con el frío a zonas de calor. Esto le ayuda a reducir su huella ecológica porque uno de los mayores gastos que se hacen es en climatizar, calentar y enfriar la casa. Él en invierno está en zonas cálidas por lo que apenas utiliza calefacción y en verano se va a zonas frías por lo que no necesita enfriar el camión. 

La energía que utiliza la obtiene del sol, con placas solares, que le hacen ser autónomo. Ahorra en todo el proceso de transporte de la energía porque la genera ‘in situ’. El agua la saca de pozos y fuentes que va encontrando. Su alimentación es vegetariana, ahí reduce su huella ecológica porque, recuerda,  la ganadería es una de las industrias más contaminantes del planeta, para producir un kilo de carne hacen falta grandes cantidades de agua. Según Soberanía Alimentaria, hacen falta 15.400 litros de agua para producir 1 kilo de ternera; 8.700 litros para 1 kg. de cordero; cerca de 6.000 litros para 1 kg. de cerdo y 4.300 litros para 1 kg. de pollo.

Tampoco consume alimentos ultraprocesados. Tienen una gran huella ecológica, necesitan grandes industrias, están híper envasados, además de que son menos sanos. Todos los alimentos se los hace él y come frutas y verduras que recoge de los árboles. Utiliza jabón ecológico, cien por cien biodegradable. 

Lleva una vida minimalista, lo que para Hugo Altman consiste en identificar y eliminar lo que no nos aporta, aquellas cosas superfluas e innecesarias. Reduciendo el consumo de cosas materiales minimiza el impacto en el medio ambiente y consigue una vida más plena. Cuando llega a su destino tiene el camión parado, se mueve en bicicleta o andando. Ahora mismo se encuentra en Altea, Alicante, tiene la playa a unos 50 metros y las montañas cerca porque practica escalada, “esta vida minimalista es muy satisfactoria, puedes hacer muchas más cosas de las que puedes hacer en la ciudad”, cuenta. 

Una de las principales causas de la contaminación y la destrucción del medio ambiente, dice ser la superpoblación humana, pues hemos alcanzado unos límites más altos de los que el planeta puede soportar. El exceso de consumismo, que la acumulación de objetos se vincule a la riqueza y la aprobación social, hace que la gente siempre esté comprando de una forma compulsiva. “Yo me di cuenta de que tenía  una casa sin espacio para mí, solo para guardar cosas que no necesito y les estoy pagando una casa, por eso preferí cambiar y vivir en un camión donde el espacio es para mi y solo tengo lo imprescindible”. 

El tener que comprar esas cosas obliga a realizar un trabajo que no le aporta valor, prefiere dedicar su tiempo para él, al auto conocimiento y la realización personal, “el tiempo es lo básico que tenemos en la vida, lo fundamental”. Muchas personas se han dado cuenta de la importancia de dedicarse tiempo a uno mismo, a nuestra salud mental, a raíz de la COVID-19. La gente valora más el tiempo de calidad que las cosas materiales, el tener una vida plena y no de estrés.

Llevar este estilo de vida puede tener complicaciones. Hay una legislación que es muy restrictiva, en España está prohibida la acampada, hay que pedir permisos, dependiendo de las ordenanzas municipales, y lo equiparan al estar dentro de un camión. También hay gente que vive en un camión y no respeta, ensucia… Hay que cambiar el concepto, no por vivir en un camión somos necesitados, adictos, hay muchos prejuicios. Ahora con la pandemia está cambiando también esto. Gente que anteriormente podía ver su estilo de vida como si de un indigente se tratara, han llegado a felicitarle por su valentía, por tomar las riendas y vivir conforme piensa y siente.

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