
Desde que llegamos el martes a Tragacete, me he dedicado a conocer el pueblo. Para mí, que vengo del mundo del cine, este lugar tiene algo profundamente cinematográfico, sus paisajes, su luz, su ritmo tranquilo.
Durante estos días me he dedicado a conocer un poco a los otros artistas que forman parte de la residencia, compartimos charlas, cenas, momentos sueltos que sirven para entender también sus procesos creativos, cada uno viene con una búsqueda distinta, y eso genera un ambiente interesante.
Mi foco ha estado en mi propia investigación, que por ahora tengo un pequeño obstáculo, aún no he logrado contactar con un pastor disponible, la mayoría están ocupados trabajando o fuera, en plena tras-humancia. Aun así, no ha sido tiempo perdido. Sonia, una de las personas que pertenece a la Fundación los Maestros que ha estado muy pendiente de ayudarnos en la residencia, me ha puesto en contacto con un pastor que podría recibirnos. Si todo sale bien, el lunes tendré una entrevista con él. Eso puede abrir el camino para retomar el enfoque del proyecto con más material humano y narrativo.

Mientras tanto, he estado documentando los paisajes, el ambiente del pueblo, los pequeños gestos cotidianos. También he disfrutado de la gastronomía local, del clima, de la tranquilidad que se respira y de las vistas que invitan a la contemplación. He ido compartiendo este proceso a través de mis redes sociales, intentando mostrar no solo lo que hago, sino cómo se siente estar aquí.
En resumen, esta primera semana ha sido una etapa de escucha, de adaptación y de observación. Todavía hay camino por recorrer, siento que el proyecto comienza a encontrar su lugar en el terreno, al ritmo del campo y de la vida real.

Texto: Jhonson Ogando. Fotografías de Paz García Blanes, Laura Martínez Oviedo y Gloria Nieto.